PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
17 de noviembre de 2013
Trigésimo Tercer Domingo Durante el Año
Lecturas:
Malaquías 3,
19-20 / Salmo 97, 5-9 El Señor
viene a gobernar a los pueblos / Tesalonicenses 3, 6-12
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
21, 5-19
Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con
hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes
contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
Ellos le preguntaron:«Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la
señal de que va a suceder?»
Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se
presentarán en mi Nombre, diciendo: "Soy yo", y también: "El
tiempo está cerca". No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y
revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará
tan pronto el fin».
Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra
reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán
también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a
las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a
causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo
les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá
resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus
parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos
a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas».
Palabra del Señor.
MEDITACION
Cada vez está más
cerca el tiempo en que «brillará el sol
de justicia que trae la salud en sus rayos» (1L), momento en que «Él gobernará al mundo con justicia, y a los
pueblos con rectitud» (Sal). Por cierto, una espera auténtica de ese momento, cuando
se producirá el regreso del Señor de la Vida, no puede efectuarse como ociosos (2L), sino
activamente ayudando a que sea más digna la vida de los demás, como única
manera de dar testimonio de Jesús (Ev).
Un
amigo católico contaba que, cuando recientemente había ido al funeral de un
compañero de trabajo, quedó impresionado por la actitud de la viuda, una
hermana evangélica, quien transmitía serenidad y su certeza en que volvería a
encontrarse con su marido en el más allá.
Es
que la fe no se demuestra por la afiliación a una u otra denominación
religiosa, sino en la actitud que se tiene ante los hechos concretos de la
vida.
(No
estoy diciendo, de ninguna manera, que no se debe lamentar la muerte de un ser
querido; de
hecho, Jesús, lloró ante la tumba de su amigo Lázaro. Lo que digo
es que, quien de verdad cree en la resurrección, no permite que la tristeza se
transforme en desesperación, sino que su esperanza se la hace más llevadera).
Mientras
unos andan temerosos y se dejan atemorizar por charlatanes y sucesos naturales
o los acontecimientos duros de la historia; otros, quienes creen en la palabra
de Jesús (desde la confesión personal que tenga), dan testimonio concreto de
ella en cada una de esas situaciones y saben que esa constancia salva (mejora)
la vida de hoy y abre las puertas a la vida plena en los brazos del Padre.
«Llega el Día,
abrasador como un horno» (1L), pero confiamos en tu misericordia,
Señor. Que vayamos hacia él con el alma
en paz y las manos agitadas en el servicio hacia los demás. Así sea.
Esperando con Paz,
Amor y Alegría en el corazón el gran Día de la Liberación,
Miguel.

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