domingo, 1 de febrero de 2026

Mensaje de felicidad

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

1 de Febrero de 2026                                              

Domingo de la Cuarta Semana Durante el Año

 

Lecturas de la Misa:

Sofonías 2, 3; 3, 12-13 / Salmo 145, 6-10 Felices los que tienen alma de pobres / I Corintios 1, 26-31

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     4, 25—5, 12


Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a Él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

Creemos en un Dios que no puede ser indiferente a los sufrimientos de sus hijos, porque los (nos) ama, y eso lo vemos, por ejemplo, priorizando como lo hace un buen Padre (y sobre todo, una buena madre) a los más desvalidos entre ellos, por eso «El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos» (Sal). Para auxiliarlo en esta labor «Dios eligió lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes» (2L), es decir, nos envía a nosotros, diciéndonos: «Busquen la justicia, busquen la humildad» (1L) y nos invita a asumir las debilidades, a identificarnos con ellas y a aliviarlas a la vez (Ev). Suena a tarea excesiva, pero en realidad la hace Él, uniéndonos para que sumemos nuestras fuerzas y agregándole a éstas todo su Poder misericordioso, porque para Dios nada es imposible, menos aún el amor.

Y el aporte de los cristianos a la alegría de todos.

Parece que se nos olvida, pero el encargo de todo cristiano, toda cristiana, es: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación» (Mc 16,15), teniendo en cuenta que las buenas noticias producen alegría.

Pero debemos reconocer que los creyentes en Jesús no nos caracterizamos por hacer coincidir esta proclamación con actitudes alegres. Ejemplos:

En las liturgias católicas, pese a que oficialmente se les llama “celebraciones”, lo que más se puede observar son caras compungidas o extraordinariamente serias. Por otro lado, la imagen que la inmensa mayoría tiene de un pastor/predicador evangélico es alguien que parece estar siempre enojado, recriminando a sus oyentes.

En fin, como sabemos, la gente en general no nos ve como anunciadores de buenas noticias, debido a que esas actitudes mencionadas influyen en -y se alimentan de- pregones inmisericordes, condenas y sobre exigencias. Por lo tanto, en nuestra opinión, mensajes muy alejados de los que conocemos de Jesús, cuyo contenido claramente era de una ternura compasiva que producía alegría en sus oyentes.

De hecho, se cuenta que, en una de las grandes celebraciones vaticanas por la canonización, entre otros, de Alberto Hurtado, en la cual existían retratos en formato gigantografía de estas personas, un obispo de otro país le comenta a otro, que era chileno, observando la imagen del Padre Hurtado sonriente, que eso era lo que necesitaba la Iglesia: gente que exprese alegría.

En fin, nos parece que no es necesario más argumentación al respecto.

Nosotros, por nuestra parte, estamos convencidos de que la alegría es un elemento fundamental del mensaje de Jesús.

Para ilustrarlo, entre tantos otros casos, recordemos que el gran anuncio del Maestro fue siempre el Reino: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo» (Mt 13,44).

Entonces, notemos que para Jesús este importante concepto (estudiosos afirman que aparece casi un centenar de veces en el evangelio) está relacionado con el gozo.

Así llegamos a las llamadas Bienaventuranzas del evangelio para este día. Como esa palabra no es de uso habitual entre nosotros muchas Biblias utilizan la más pobre, pero más comprensible «Felices».

Pero ¿por qué habría que alegrarse de ser pobres, afligidos y perseguidos? ¿qué tienen de buenas esas que para todos son miserias?

Porque para ellos y para todos quienes sufren él enviará (y sigue enviando) a «pacientes» que «tienen hambre y sed de justicia», que son «misericordiosos», que «tienen el corazón puro», es decir, a «los hijos del Reino» (Mt 13,38), los «hijos de la resurrección» (Lc 20,36), los cristianos.

Ellos (nosotros), los que buscan ser coherentes con las enseñanzas de su Maestro, «trabajan por la paz», aún pese a que puedan ser «perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos».


La paz y la justicia del Reino la construyen quienes se dejan inspirar y guiar por el espíritu de Dios para servir a sus hermanos de humanidad.

Nos hace falta volver a revisar cada cierto tiempo este fragmento del evangelio. Pensemos: nuestro mundo hoy es malventurado, vive en la tristeza de las guerras, el abuso de los poderosos y otras calamidades que conocemos bien. Sin embargo, somos más de dos mil cristianos en él (uno de cada cuatro habitantes de la Tierra). Si esa gran cantidad de personas se dedicase, todos unidos y eficazmente, a trabajar por el Reino y la justicia de Dios (Mt 6,33), tendríamos una nueva humanidad, una más alegre, una humanidad y un mundo bienaventurado.

 

Señor, que llamas bienaventurados a los pobres, enséñanos a vivir sobriamente, haznos pacíficos, misericordiosos y compasivos, fortalece a los perseguidos, y auxílianos en nuestra voluntad de trabajar por la justicia, para ayudar a que crezca la felicidad en nuestro mundo. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, buscar la felicidad de todos, viviendo lo más fielmente las bienaventuranzas,

Miguel.

lunes, 26 de enero de 2026

Ser pescadores-liberadores de hombres

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

25 de Enero de 2026                                              

Domingo de la Tercera Semana Durante el Año

 

Lecturas de la Misa:

Isaías 8, 23—9, 3 / Salmo 26, 1. 4. 13-14 El Señor es mi luz y mi salvación / I Corintios 1, 10-14. 16-17

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     4, 12-23


    Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
        «¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,
        camino del mar, país de la Transjordania,
        Galilea de las naciones!
        El pueblo que se hallaba en tinieblas
        vio una gran luz;
        sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte,
        se levantó una luz».
    A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».
    Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».
    Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
    Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
    Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.
    Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

Jesús, sabiamente, se retira al «otro lado del Jordán, el distrito de los paganos» (1L), al conocer lo que le sucede a Juan, porque se da cuenta que es tiempo de replegarse para realizar una «espera en el Señor», haciéndose fuerte (Sal). Para eso comenzará creando una comunidad con los pescadores de la periférica Galilea, quienes no están contaminados con la forma de vivir la religión de las grandes autoridades de la capital: ellos tienen la disposición humilde de dejarlo todo por seguir su caminar en pos del «Reino de los Cielos [que] está cerca» (Ev). Pero el Maestro sigue llamado hoy a «anunciar la Buena Noticia, y esto sin recurrir a la elocuencia humana» (2L), sino, más bien, haciendo carne sus enseñanzas en la vida cotidiana.

Usando las redes del amor compasivo.

La imagen de "pescar hombres" tiene un componente que escapa de la experiencia y los conocimientos que nosotros tenemos actualmente, porque el mar tiene en este tiempo connotaciones de relajo, si pensamos en la playa, por ejemplo; o de alimentación, si recordamos la abundante y rica pesca que podemos obtener de él.

Para Israel, pueblo más cercano al desierto, el mar, y todas las aguas caudalosas, por el desconocimiento que tenían de él, sumado a su inmensidad y la absoluta falta de control que se puede tener sobre ellas, siempre son imagen del caos, de la oposición a Dios, del mal.

Ejemplos: Noé, el justo, es salvado por Dios de las aguas del diluvio, provocadas por el pecado (Gn 6,13-18); Moisés y el Pueblo son salvados de las aguas, del Nilo (Ex 2,5-10) y del mar (Ex 14,21-27), respectivamente.

Aunque en el contexto del desierto el agua es sinónimo de vida, esto se reduce a los pozos y a los manantiales. Las grandes masas de agua son el caos, el poder de lo incontrolable, el pecado del que triunfa sólo el poder de Dios.

Entonces, cuando los evangelistas presentan a Jesús caminando sobre las aguas (Mc 6,49-51), calmando la tempestad (Lc 8,23-24), salvando a Pedro de las aguas (Mt 14,29-31), provocando pescas milagrosas (Jn 21,5-6), quieren responder, de manera gráfica, más que con argumentos, a la pregunta que se hacen los discípulos en uno de aquellos episodios: «¿Quién es este que ordena incluso al viento y a las olas, y le obedecen?» (Lc 8,25): en él está el Espíritu de Dios actuando contra el mal (como ocurrió con Noé, Moisés, el pueblo liberado y tantos más), porque su misión -así lo quiere el Padre bueno- no es castigar, sino salvar (Jn 3,17).

Así fue que se cumplió, también concretamente, la profecía: «El pueblo que se hallaba en tinieblas […] sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz».


Podemos entender, en suma, que la invitación a ser “pescadores de hombres” va mucho más allá de un juego de palabras relacionado con el oficio de sus amigos, pretende más bien hacerlos parte de su misión de rescatar a los seres humanos del mar de agobios y penurias que los asechan.

Esa convocatoria se extiende hasta hoy, hasta ti y hasta mí, hasta nosotros, como comunidades de creyentes, a sentirnos convocados a ser pescadores-liberadores de los hombres y mujeres que lo necesitan.

Sigue vigente la invitación: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». Se necesita personas convertidas a la voluntad de Dios para hacer posible que su Reino se establezca plenamente entre nosotros.

 

Señor, para tu misión no has buscado a sabios ni a ricos. Tú sabes bien lo que tenemos, que son sólo nuestras manos, nuestros labios, nuestro cansancio que a otros descanse, intentando ser fieles en la tarea de ser pescadores de hombres y mujeres que quieren y necesitan liberarse del mal. Ayúdanos a ser coherentes en esto. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, asumir el papel que nos corresponde en la tarea de rescatar de la maldad a tantos que nos rodean y la padecen,

Miguel.

miércoles, 14 de enero de 2026

¿Cómo Él nos quita el pecado?

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

18 de Enero de 2026                                              

Domingo de la Segunda Semana Durante el Año

 

Lecturas de la Misa:

Isaías 49, 3-6 / Salmo 39, 2. 4. 7-10 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad / I Corintios 1, 1-3

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 29-34


    Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije:
        Después de mí viene un hombre que me precede,
        porque existía antes que yo.
    Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel».
    Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo".
    Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

Ya no existen –gracias a Dios y al progreso de la conciencia humana- sacrificios de animales para “agradar a los dioses”, pero Jesús sigue siendo «Cordero de Dios», en el sentido de la humildad con que entendió que «Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: “Aquí estoy”» (Sal), por lo que se entregó a la misión de ser «la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra» (1L), de manera de permitir que llegásemos a estar entre los que «han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos» (2L). Cuando, quienes hemos sido bautizados «en el Espíritu Santo» (Ev), como respuesta a todo esto, buscamos ser, desde nuestras capacidades y venciendo nuestras limitaciones, fieles al llamado de Dios, seguimos ayudando a quitar el pecado del mundo junto a Jesús.

No esperando que otro se sacrifique por mí.

Se nos ha contado que Jesús y Juan eran primos en algún grado, ya que sus madres eran familiares, si recordamos que el Ángel al contarle a María del embarazo de la madre de quien sería el Bautista, llama a esta última: «tu parienta Isabel» (Lc 1,36).

¿Cómo es que, entonces, afirma en este texto: «Yo no lo conocía»?

Por otro lado, ¿por qué si, en el evangelio para este día, afirma rotundamente: «Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios», muy al comienzo de su ministerio, posteriormente dudará de quién es él? Así nos lo cuenta Mateo: «Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”» (Mt 11,2-3).

La respuesta parece compleja, pero es, si se abre la mente, muy simple y lo hemos mencionado en anteriores ocasiones: ni los evangelios, ni ningún libro de la Biblia son o pretenden ser fieles a la historia, como se entiende esto en el presente.

Lo que sí son todos y cada uno de los textos de nuestras Escrituras es material catequético y teológico, fruto de la reflexión de fe de muchas comunidades, desde los primeros creyentes en el Dios Único hasta el último autor sagrado.

Por ello, nos ayudaría más que entender qué quiere decirnos este o cualquier otro fragmento bíblico, intentar comprender, por ejemplo, qué intentaba que reflexionase la comunidad del evangelista Juan usando estas palabras de su homónimo, el Bautista.

En concreto, pensemos que el evangelio al que corresponde esta cita fue el más tardío en escribirse, se dice que a finales del siglo I, lo que implica que han transcurrido más de 50 años desde que sucede lo narrado. Es decir, al menos han pasado dos generaciones de cristianos, de personas que han leído, meditado y compartido sus creencias y reflexiones con los demás: se ha madurado la visión que se tiene de Jesús, lo que hizo y lo que dijo.

Tomando en cuenta lo anterior, meditemos estas palabras, que tienen gran significación para nosotros, aún dos milenios después: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».

En la Carta a los Hebreos, anónima, pero con toda probabilidad escrita por alguien que no vio ni escuchó de primera mano el mensaje del Maestro, se enseña que Jesús sería un cordero (el más perfecto): «ya que no hay remisión de pecados sin derramamiento de sangre […] Cristo entró en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro […] para abolir el pecado por medio de su Sacrificio» (Hb 9,11-28).

Muchos teólogos, basados en esto elaboraron la horrible doctrina (que aún hoy se enseña) de que Dios, como los antiguos ídolos paganos, necesitaba un sacrificio para calmar su enojo y éste sería su propio hijo.

Pero esta interpretación contradice al propio evangelio de Juan, que más adelante nos dice que en Jesús hemos visto actuar al Padre (Jn 14,9); lo que nos dice que, si él es misericordioso es porque el Padre lo es, y que, si él es capaz de comprometerse hasta las últimas consecuencias con el Reino del amor y la justicia (como efectivamente hizo), es porque Dios también está comprometido hasta el final con la raza humana (Jn 3,16-17).

De esa manera entendemos que Dios es nuestro aliado contra el mal, y él, Jesús, su instrumento para librarnos del pecado: ese sería un mejor sentido para identificarlo como ese «Cordero».

Pero, si no es mediante el sacrificio sangriento, entonces, ¿cómo nos quita esta mancha?

Primero, definamos pecado como todo lo que nos aleje de los brazos amorosos del Buen Padre Dios, quien, más que un gruñón con sed de venganza, es alguien que se alegra con el retorno de quien se ha alejado de Él (Lc 15,11-32).

Pues, bien, nos lo quita enseñándonos a liberarnos de las culpas: Jesús no trata a los “pecadores” como infractores, sino como necesitados de Dios y amados por Él (Rm 5,8); no son (somos) malvados, sino víctimas, porque el pecado, más que cometerse, se padece (Jn 8,3-11).


Luego, Jesús nos libra del pecado encendiendo su luz para que no tropecemos en las trampas de la vida (Jn 8,12). Los seres humanos somos propensos a equivocarnos; a tropezar, y Jesús nos ilumina para mostrarnos el buen camino.

Finalmente, para que no nos quedemos de brazos cruzados esperando esta purificación, Jesús nos propone una forma de vida, a la que compara con un tesoro, uno tan valioso que todo lo demás deja de tener valor para nosotros (Mt 13,44)… incluida la atracción que pueda ejercer el pecado.

En suma, el pecado existe y somos propensos a caer en él, pero Dios y su enviado Jesús, el que quita el pecado del mundo, nos acompañan, nos consuelan y nos guían en este arduo combate, permanentemente y sin descanso.

 

Señor, auxílianos en nuestra cotidiana propensión a caer en el pecado, librándonos de todo mal, como nos enseñaste a rogarle a tu Padre. Fortalece también nuestra capacidad para ayudar a más hermanos que creen que Dios está enojado con ellos a que descubran que, al contrario, está deseoso de que rompamos las cadenas que nos impiden ser más plenamente humanos, es decir quitarnos el pecado. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, saber combatir, con las armas de la misericordia y la compasión que nos da Dios, nuestro pecado y el del mundo,

Miguel.

miércoles, 7 de enero de 2026

Lo que es justo

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

11 de Enero de 2026                                              

El Bautismo del Señor

 

Lecturas de la Misa:

Isaías 42, 1-4. 6-7 / Salmo 28, 1-4. 9-10 El Señor bendice a su pueblo con la paz / Hechos 10, 34-38

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     3, 13-17


Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!»
Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

Jesús es el «Hijo muy querido» del Padre Dios, el que cuenta con toda su predilección, debido a que cumplió mejor que nadie lo que es justo (Ev): él fue destinado «a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas» (1L), como un medio que usó el Creador para que todos pudiesen sentir que «El Señor bendice a su pueblo con la paz» (Sal). Y a eso dedicó sus energías y su actuar, obediente y fielmente, tanto que Pedro asertivamente pudo resumir su vida con la frase «Él pasó haciendo el bien» (2L). Todos somos hijos y todos somos invitados a ser predilectos asemejándonos de esa manera al Hijo.

Lo que Dios considera justo.

¿Qué es lo que hace que Jesús sea un «Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección», según dice el Señor de los cielos?

Podemos creer -de hecho, algunos quieren creerlo y lo enseñan así-, que es porque, como anunció el Ángel, el bebé concebido en María «será llamado hijo de Dios» (Lc 2,35) o, más aún, como afirma el evangelista, porque él era Dios (Jn 1,1). Lo anterior haría que el Altísimo lo considerase por encima de todos los demás.

Pensarlo de esa manera significaría que estaba muy errado Pablo cuando enseñó que «Dios no hace acepción de personas» (Rm 2,11) y también Pedro, al reafirmar esa misma frase, agregando que «en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a él» (Hch 10,35).

Y aquí llegamos al punto que hace de Jesús (y de todos los que, actúen como él) un hijo predilecto: practicó la justicia con el santo temor de no fallarle a su Voluntad Divina.

La humanidad discute desde hace siglos el significado de la palabra “justicia”. Hay cierto consenso en que esto sería “dar a cada cual lo suyo”. La discordia entra cuando se intenta aclarar que es lo “suyo” de cada cual…

Pues bien, como decíamos ese debate es largo. Además, excede lo que podamos decir nosotros. En lo que sí podemos aportar es en iluminar bíblicamente qué es la justicia. Para ver si podemos optar a ser hijos predilectos suyos…

Nosotros creemos que a Jesús lo hace especial para el Señor que él era alguien con plena conciencia de que «conviene que […] cumplamos todo lo que es justo». Lo que es justo para Dios, se entiende.

Revisemos lo que una persona del tiempo del Maestro y, por lo tanto, él mismo, comprendía y trataba de hacer para vivir este concepto tan fundamental.

Para la Biblia es alguien generoso, ya que «el justo da sin rehusar jamás» (Prov 21,26) y es alguien que «practica el derecho y la justicia» (Ez 18,5). Más concretamente: «no deshonra a la mujer de su prójimo; […] no oprime a nadie; […] no quita nada por la fuerza; […] da su pan al hambriento y viste al desnudo; […] no presta con usura ni cobra intereses; […] aparta su mano de la injusticia y juzga imparcialmente […] ese hombre es justo y seguramente vivirá –oráculo del Señor–» (Ez 18,7-9), porque «el que va tras la justicia y la fidelidad encontrará vida, justicia y honor» (Prov 21,21)

Además, se nos dice, «los labios del justo destilan benevolencia» (Prov 10,32). ¿Qué palabras buenas emitieron los labios del Nazareno?: «Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos». Y va comparando esa justicia de los religiosos de su tiempo, versus la que propone él, para ser justos de verdad: «Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás", […] Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal […] Ustedes han oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón […] Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: "No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor". Pero yo les digo que no juren de ningún modo […] Cuando ustedes digan ‘sí’, que sea sí, y cuando digan ‘no’, que sea no […] Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal […] Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al


que quiere pedirte algo prestado. Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores […] Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo» (Mt 5,20-48).

Resumen: El justo para Dios y la justicia mayor para nuestro Maestro tiene relación con respetar, cuidar y hacer el bien a los demás hijos del Padre celestial, nuestros hermanos. Todo eso lo vivió coherentemente Jesús. Todo eso lo hace un justo, un hijo especial del Padre.

Pues bien, dice la Escritura: «No hay un hombre justo sobre la tierra que haga el bien sin pecar jamás» (Ecl 7,20), pero, ya sabemos que somos hijos de Dios y estas cosas nos recuerdan cómo ser de sus predilectos, aprendiendo de Jesús.

 

Señor, queremos pertenecer a la categoría de hijos de Dios que son bienaventurados por tener hambre y sed de justicia: la humana, que respeta y da dignidad a todos, la cual es herramienta para que se realice, a su vez la divina, y, así, se haga la voluntad del Padre en la tierra como se hace en el cielo. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, ser buenos hijos del Buen Padre Dios,

Miguel.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Dios siempre se está revelando

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

4 de Enero de 2026                                              

La Epifanía del Señor

 

Lecturas de la Misa:

Isaías 60, 1-6 / Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-13 ¡Pueblos de la tierra alaben al Señor! / Efesios 3, 2-6

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     2, 1-12


Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo».
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor
entre las principales ciudades de Judá,
porque de ti surgirá un jefe
que será el Pastor de mi pueblo, Israel"».
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

El «misterio de Cristo […] que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu» (2L), como todo lo que viene de Dios, fue manifestado en lo más humilde: de la pequeña Belén «surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel» (Ev). Su forma de manifestarse será así: «tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes» (Sal). Y, antes de su misión, será reconocido en un frágil recién nacido junto a su madre. Si logras captar lo profundo de esto «estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón» (1L), el que habrá sido tocado por Dios.

Descubrir los maravillosos planes que tiene para nosotros.

Los primeros cristianos habían aprendido que Dios es amor (1 Jn 4,8). Esto se los enseñó el tremendo esfuerzo que hizo Jesús mientras estuvo entre ellos para anunciar con palabras y obras que Él es nuestro Padre, el mejor que puede haber (Mt 7,11).

Porque «Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único» (Jn 3,16) para enseñarnos cómo se comportan sus hijos (Jn 1,12), esto es con el cuidado cariñoso a todos, en su caso, sanando, consolando, resucitando y enviando a sus discípulos a hacer mucho bien.

Todo esto lo consideraron Evangelio o una Buena Noticia, que es como se traduce esa palabra.

El otro término que necesitamos traer a nuestro lenguaje es “Epifanía”. Esto es revelación.

Como conmemoramos en este día, el Padre Bueno quiso que todos se enteren ya desde el origen de esta feliz noticia. Eso ocurrió cuando iluminó la inteligencia de personas que no pertenecían a su pueblo, «unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén» utilizando una estrella, ya que probablemente eran astrónomos, para revelarse, revelando su visita en la sencilla imagen de un «niño con María, su madre».

Así como una persona buena es feliz haciendo felices a otros, Dios, que es el único bueno (Mc 10,18), no puede dejar de manifestarse, de revelarse, para revelar su voluntad de bienestar para su humanidad tan amada.

Por ejemplo, se presentó ante Moisés en la forma de un arbusto que ardía, pero que no se consumía, para manifestar su deseo de liberación de sus hijos (Ex 3,2-8). O utilizó la forma de un Ángel para comunicar consuelo (Zac. 1,13), o para orientar y guiar (Dan 9, 21-27).


Excepcionalmente, hizo uso de la palabra audible: para elegir a Samuel como su profeta, uno de los primeros líderes del Pueblo Elegido (1 Sam 3,1ss) o para que los líderes entre los discípulos supieran que Jesús era verdaderamente su Hijo y que deberían escucharle (Lc 9,35).

Nos dice la Escritura: «Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo» (Hb 1,1-2). Porque Jesús es la revelación, la manifestación, más importante y más clara de lo que el Padre quiso comunicarnos sobre Él y sobre cómo llegar a tener una vida plena o en abundancia (Jn 10,10).

Dios no se cansa de revelarse, de comunicarse, de comunicarnos, todo el amor que tiene por nosotros. Gracias, Señor.

 

«Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo, y nos ha dado un poderoso Salvador […] gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,68-79). Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, estar siempre atentos a las manifestaciones de Dios, tratando de que entendamos sus cariñosos mensajes para nosotros,

Miguel.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Una familia con muchos modelos para nosotros

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

28 de Diciembre de 2025                                              

La Sagrada Familia de Jesús, María y José

 

Lecturas de la Misa:

Eclesiástico 3, 3-7. 14-17 / Salmo 127, 1-5 ¡Felices los que temen al Señor y siguen sus caminos! / Colosenses 3, 12-21

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     2, 13-15. 19-23


Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».
José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas:
«Será llamado Nazareno».
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

La Biblia, en su antigua sabiduría, invita a ser familias felices, utilizando imágenes fácilmente comprensibles cuando se escribieron estos textos: «El que honra a su padre expía sus pecados y el que respeta a su madre es como quien acumula un tesoro» (1L), si se hace así «Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien» (Sal). Para todo lo anterior, «Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección» (2L). Pero el Evangelio pone una cuota de realismo en este ideal: las familias también tenemos dificultades y, con la ayuda de Dios, sabremos superarlas y tener relaciones más plenas en ellas.

Un padre, una madre y un niño que viven según Dios.

Sería miope entender que lo se celebra este día, la Sagrada Familia, busca resaltar una composición exactamente igual a la de la de Nazaret: padre, madre, hijo. Aunque algunos efectivamente lo hacen así.

Conociendo las enseñanzas de Jesús, podemos comprenderla de otra manera.

Recordemos, por ejemplo: «El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,35). Esto significa que para él su familia no se define por la biología, sino por las conductas que se acercan a realizar lo que Dios quiere. Y eso hacían sus padres.

Veamos a José, por ejemplo. Él «era un hombre justo» (Mt 1,19). ¿Qué se entiende en la Biblia por esto? Es quien «no oprime a nadie […] devuelve la prenda al deudor y no quita nada por la fuerza; […] da su pan al hambriento y viste al desnudo; […] no presta con usura ni cobra intereses…» (Ez 18,7-8).

A la vez, porque se lo pide Dios, es alguien capaz de cambiar de planes y de opinión, al no rechazar a María, como había decidido, debido al embarazo de ella previo a comenzar su vida marital (Mt 1,24). También aceptó ser guiado por «el Ángel del Señor» para tomar decisiones radicales respecto al lugar de residencia de su familia, como se nos cuenta hoy.

Por su parte, la madre es una persona que sabe reconocer la presencia de Dios en su vida: «Mi alma canta la grandeza del Señor […] el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!» (Lc 1,46-49).

Pero también es capaz de agradecer su intervención en la historia humana: «dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías» (Lc 1,51-53).

Su actitud ante esto es tener disposición, actitud de oración, para poder escuchar lo que Dios tiene que decirle (Lc 1,26-38), «conservaba estas cosas en su corazón» (Lc 2,51) y termina exhortando: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2,5), refiriéndose, por cierto, a Jesús.

¿Y del Niño, qué aprendemos? A dejarnos cuidar y a depender. Él, que era Dios, se deja atender, por dos criaturas y «vivía sujeto a ellos» (Lc 2,51). Además de todo lo que aprendemos de su vida adulta y sus palabras, que es el contenido de nuestras meditaciones durante todo el año.


Concluimos, por lo tanto, en que por cuidar de los suyos, José estuvo dispuesto a cambiar sus ideas, a ser dócil a lo que escuchó de Dios, por conducto del ángel, a abandonarse en el fondo en las manos de Dios.

En que María es modelo de humildad, de aceptar las cosas como vienen, quien no se queja por la incomodidad de un viaje, por tener que dar a luz en un sitio inapropiado, no le reclama a José, ni le echa la culpa por unas contrariedades que sabe que no dependen de él.

Y que Jesús, quien es un apasionado de que se realice la voluntad del Padre (Jn 4,34), durante toda su vida la hizo carne de tal manera que se dice de él que «pasó haciendo el bien» (Hch 2,5), mostrando que «no vino para ser servido, sino para servir» (Mt 20,28).

La Sagrada Familia, entonces, es un modelo no por su conformación, sino por lo que es más importante para Dios: el amor entre ellos y hacia los demás, como reflejo al amor al Padre. Ellos se amaban entre sí, pero claramente amaban al Señor y eso lo manifestaban buscando y amando su voluntad.

 

Señor, que el ejemplo perfecto de unidad, amor y fe de la Sagrada Familia nos inspire y nos impulse a darle más contenido fraterno y solidario a nuestra vida, como reflejo de que somos parte de quienes consideras parte de tu familia, porque tratamos de hacer la voluntad del Padre. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, tener como modelo de amor a Dios y los demás el de la familia de Nazaret, de todos juntos y el de cada uno por su parte,

Miguel.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Para que sea efectivo que se encuentre «Dios con nosotros»

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

21 de Diciembre de 2025                                              

Domingo de la Cuarta Semana del Adviento

 

Lecturas de la Misa:

Isaías 7, 10-14 / Salmo 23, 1-6 Va a entrar el Señor, el rey de la gloria / Romanos 1, 1-7

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     1, 18-24


Jesucristo fue engendrado así:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

¿Cómo «son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob» (Sal)? Son como María y José, que se ponen a su disposición «para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado» (Ev). ¿Necesitas un impulso para ser parte de esto?. Entonces, «pide para ti un signo de parte del Señor» (1L). Y se te  anunciará «la Buena Noticia de Dios […] acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador por su resurrección de entre los muertos» (2L). Tras esa poderosa señal, ¿cuál será tu respuesta?

Que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo y nosotros aportemos a que sea así.

Para que Dios encontrara su lugar entre nosotros fue necesario que hubiese mujeres y hombres que estuviesen dispuestos a seguir sus inspiraciones.

Hoy se nos habla de dos de ellos.

Antes, sepamos o recordemos que el matrimonio judío de aquel tiempo constaba de dos partes: el contrato y la boda, algo semejante a nuestros matrimonios en versión civil y religiosa. Para efectos jurídicos lo importante era el contrato, como lo es entre nosotros la ceremonia civil.

Lo que se celebraba en la boda, unos días después del primer evento, era la acogida de la esposa en casa del novio. En ese momento comenzaba la convivencia entre los esposos.

Pues bien, nos cuenta Mateo que María, «cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo». Esta parte de la historia la conocemos por el evangelio de Lucas (1,26-38), quien nos cuenta que el ángel Gabriel (traducción: Dios es mi fortaleza) se presentó ante la joven con un hermoso saludo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo» y le contó que tendría, en condiciones excepcionales, un hijo que «será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre», a lo que la niña termina accediendo, sin comprender bien las consecuencias que esto le traería.

El primer efecto de esto será la natural inquietud de José, a quien debe haberle contado, porque le atañía todo lo que estaba sucediendo. Pero, sigue el evangelista, como él «era un hombre justo», que debía actuar según las leyes de su pueblo, correspondía repudiarla como adúltera ante su comunidad. Sin embargo, también era un hombre bueno, por lo que «no quería denunciarla públicamente», debido a que aquello era castigado hasta con la muerte, según sus costumbres. Su opción, en consecuencia, fue «abandonarla en secreto». Que esto quedase entre ellos, para, así, provocar el menor daño posible.

Ante esta situación, como ocurre en otros pasajes bíblicos, Dios se comunica con él en medio de sus sueños, por intermedio de su Ángel y le hace saber que él puede ser parte del plan divino, teniendo en cuenta que «lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo» (es decir, del poder, la fuerza, la energía del mismo Dios) y que era necesario que un «hijo de David» un descendiente del gran rey, estirpe desde la que debía provenir el Mesías, como era él, fuese quien lo adoptase. Y, como era la


tradición, tendría la responsabilidad de ponerle un nombre, el cual debía ser «Jesús (traducción: “Dios salva”), porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados». Su decisión, posterior a eso, fue, hacer lo que entendió que correspondía, según la información que recibió: «llevó a María a su casa». Se concretó el matrimonio y la nueva familia.

Para que esta historia de amor que celebraremos en Navidad fuese posible, es decir, para que sea efectivo que, por medio de ese niño, se encuentre «Dios con nosotros», hubo una mujer que se puso a disposición de su voluntad: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lc 1,38) y un hombre que, en cuanto fue posible, «hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado».

Porque Dios, ni aun sabiendo que es lo mejor para nosotros, no hace nada en contra de nuestra voluntad.

Ojalá también sepamos descubrir su voluntad compasivamente misericordiosa que sólo quiere humanizar más nuestra vida y la de todos. Y que nos atrevamos a poner de nuestra parte para que ésta se haga realidad.

 

Señor, danos la gracia de asemejarnos a las actitudes de fe, humildad y acogida de la voluntad del Buen Padre Dios que tuvieron María y José; que sepamos también confiarle nuestras vidas y tareas diarias, para que, como ellos, podamos servirle fielmente y ser reflejos de su amor por todos sus hijos, nuestros hermanos. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, saber encontrar la forma de hacernos receptivos a la voluntad del Padre para nosotros y quienes nos rodean,

Miguel.

Mensaje de felicidad

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo 1 de Febrero de 2026                            ...