PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo
Domingo de la Quinta Semana Durante el Año
Lecturas de la Misa:
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111, 4-9 Para los buenos brilla una luz en las tinieblas / I Corintios 2, 1-5
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Pese a que cada uno de nosotros, individualmente, es «débil, temeroso y vacilante» (2L), el Señor no deja de confiar en las capacidades con que nos ha dotado para que, como comunidades, se pueda cumplir el que brille «ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo» (Ev). Concretamente: «Si compartes tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo; si cubres al que veas desnudo. Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna… tu luz se alzará en las tinieblas» (1L), porque es «dichoso el que se compadece y da prestado. Él da abundantemente a los pobres» (Sal). ¿Qué otra manera puede haber de ser más luminosos y brindar mejor sabor a la humanidad que esto?
Para nuestra tierra desabrida y oscura.
Lo dijimos recientemente y lo reiteramos hoy: si los cristianos, que somos la cuarta parte de la población mundial, viviéramos como si de verdad creyéramos en la Buena Noticia, se notaría mucho. Pero no es así.
¿Dónde estuvimos, por ejemplo, mientras uno de los ejércitos más poderosos del mundo bombardeaba incesantemente a una población casi desarmada, atacando indiscriminadamente hospitales y casas, como ocurrió (y no termina de ocurrir) en Gaza?
¿Dónde hemos estado mientras una banda de enmascarados, bajo el amparo del gobierno “líder” de la libertad y la democracia, secuestra incluso a niños y hasta asesina a quienes protestan por sus acciones, en EEUU? Todo esto con el agravante de que su presidente y personas más influyentes en él también se denominan cristianos...
Y suma y sigue: Ucrania (más "cristianos" involucrados), sumada a una tristemente amplísima lista, a la que los noticieros ignoran y, por lo mismo, nosotros igual: Sudán, Siria, Libia, Yemen, y muchas otras dolorosas situaciones en las que están sufriendo seres humanos, hermanos nuestros, hijos del mismo Buen Padre Dios.
Es que no olvidemos que Jesús señala a sus discípulos (los de entonces y los de hoy) lo siguiente: «Ustedes son la sal de la tierra» y «Ustedes son la luz del mundo»? Repitamos: del mundo, no de nuestra intimidad pequeña y egoísta…
Pues bien, la sal, sencilla como la conocemos, es fundamental para sazonar nuestras comidas. Siempre tenemos en nuestros hogares, porque, además, es muy económica. De hecho, un dicho popular indica que no tenerla es un llamado a la pobreza sobre esa casa.
Pero, además, en tiempos antiguos, incluidos los del Maestro, era utilizada para algo tan necesario como es la conservación de los alimentos, mucho antes de que se inventara la refrigeración. De hecho, esa misma propiedad, sumada a su uso en la curación de las heridas como antiséptico, la tornó tan valiosa que se utilizaba como medio de pago; de ahí viene nuestra palabra “salario” para remunerar el trabajo realizado.
En suma, la sal puede ser una humilde mejoradora del sabor de un plato o un bien muy preciado, dependiendo de las circunstancias. Como debiésemos ser los cristianos: humildes servidores de los demás (Mc 9,35) y, a la vez, preciados a los ojos del Buen Padre Dios (Ef 5,1).
Por su lado, la luz siempre ha sido esencial para la humanidad, comenzando con nuestros primeros antepasados, los que hacían su vida cotidiana sólo bajo la iluminación del sol, resguardándose con temor durante la noche. Posteriormente, el ingenio humano fue inventando artefactos para proyectar luz, aumentando la sensación de seguridad, con lo que este elemento se convirtió en un auxilio contra ese desasosiego.
A su vez, cuando la luz proviene de algún tipo de lámpara, proyecta la idea de que es necesario que su fuente se fuese consumiendo para lograr iluminar.
Por lo tanto, la luz ayuda a sentirse protegidos, consumiéndose en su utilidad. Así mismo, los seguidores de Jesús somos llamados a prestar asistencia en la iluminación de tantas oscuridades que provocan nuestras sociedades egoístas e indiferentes de los demás, llenas de temor de unos por otros.
En nuestra tierra hay mucho mal, y da la impresión de ser éste quien gobierna todo, pero la paz, el amor y la alegría de los cristianos, que se traducen en actitudes de tierna acogida y servicio eficaz, muestran que, contrario a esa percepción, creemos que es Dios quien reina realmente.
Debido a lo anterior, si, como recordamos al comienzo, no estamos cumpliendo con estos encargos-invitaciones de nuestro Señor, este cristianismo tan numeroso «no sirve para nada» y bien merece “ser tirado afuera para ser pisoteados”.
La tarea de cada uno/a de los creyentes frente a esto sería buscar “hacer brillar esa luz que Dios puso dentro de nosotros”, así, cuando las personas vean «sus buenas obras» y se rectificaría la mala situación y nuestra reputación «y glorifiquen al Padre que está en el cielo». Es decir, estaríamos cumpliendo la misión de anunciar la Buena Noticia (Mc 16,15) del Reino del amor de nuestro Dios generosamente misericordioso. Y lo estaríamos haciendo de una manera efectiva y eficaz, mejorando nuestro mundo.
Te pedimos, Señor, saber reflejar el amor del Padre, dando testimonio de fe y aportando a transformar la sociedad con buenas obras solidarias y fraternas. Permítenos obtener la gracia de no perder el sabor apostólico y ser faros de esperanza en la triste oscuridad de nuestro mundo. Así sea.
Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, dar buen sabor y lograr iluminar con el servicio cariñoso a todos nuestros hermanos de humanidad,
Miguel.












