PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo
5 de Abril de 2026
Domingo de Pascua de Resurrección
Lecturas de la Misa Vespertina (“del gallo”; parte de las lecturas):
Génesis 1, 1—2, 2 / Salmo 117, 1-2. 16-17. 22-23 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! / Romanos 6, 3-11
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 28, 1-10
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán". Esto es lo que tenía que decirles».
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
Palabra del Señor.
MEDITACION
Posterior a la Creación «Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno» (1L) y sigue teniendo resonancias de excelencia desde entonces, llegando hasta la derrota definitiva de la muerte, la cual nos permite confiar en que «si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él» (7L). Todo «esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos» (últ Sal), de tal manera que el Resucitado nos exhorta «Alégrense» y «No teman» (Ev).
Superando pasados egoísmos.
Dos datos llamativos de la escena que nos relata Mateo son: las primeras testigos de la resurrección son las mismas que presenciaron de manera privilegiada la muerte de Jesús (Mt 27,61), como si quisiera decir que quienes fueron fieles hasta el final obtienen como “premio” la primicia de presenciar este acontecimiento.
El segundo es que esto refleja el importante protagonismo de las mujeres, porque, como sabemos, en aquella sociedad el testimonio femenino carecía de valor. Entonces no tendría sentido si el evangelista hubiera "inventado" su presencia en este momento. Por lo tanto, es probable que se trate de un dato históricamente cierto.
Pues bien, el evangelista cuenta que ellas fueron al sepulcro apenas pudieron, terminado el Sábado, el día sagrado de reposo. Uno imagina que estaban ansiosas en la espera del término de ese que, para su cultura, era el último día de la semana.
Esta situación ocurre, por lo tanto, al ir terminando la oscuridad, «al amanecer», para llegar a encontrarse no con un muerto, sino con el resplandor de la resurrección, constatándose nuevamente, y de una forma que llega a la eternidad, que él es «la luz del mundo» (Jn 8,12).
Este acontecimiento sucede, como señalamos en «el primer día de la semana», el cual, debido a esta situación extraordinaria, se transforma también en el primer día de una "nueva creación".
Se nos cuenta que este evento va a acompañado de sucesos extraordinarios: «se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo… Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos». Se trata de signos que hablan de la presencia de lo divino.
El ángel –metáfora de Dios- «hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella». Es una actitud dominante sobre la roca que pretendía encerrar a Jesús en la muerte. El anuncio es, nuevamente, luminoso: la muerte no tiene poder para retener la Vida.
El mensaje que transmite el emisario divino, como suele ocurrir en los relatos pascuales, primero, es buscando dar confianza ante tan abrumante momento: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho».
La idea es que entendamos que sólo puede temer a la muerte quien no ha descubierto que nada es imposible para el Amor, nada es imposible para Dios.
Junto con el mensaje de paz, el contenido que deben transmitir a los discípulos es que ellos (y nosotros) vuelvan a Galilea: «allí lo verán», esto mismo lo refuerza el Resucitado. Se trata de que vuelvan a donde comenzó todo, a los orígenes. ¿Cuáles son esos? La comunidad, el impulso del amor que los movía.
En este punto notemos que el relato no pretende decirnos que aquella visita femenina al sepulcro fue motivada por la fe, sino que, más bien, queda claro que las mueve el afecto hacia el difunto.
Los orígenes, como era en Galilea, nos dicen que la mujer ocupaba un papel relevante entre las discípulas del Maestro y, por extensión, en las primeras comunidades. Y esto se debía a que ellas (igual que hoy) son maestras de la ternura, del amor y la fidelidad al Señor.
La “nueva creación” que mencionábamos al comienzo es la concreción de la promesa: «no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?» (Is 43,18-19). Lo que nos corresponde a quienes le creemos y seguimos al Resucitado, que fue quien dio todo por los demás (Jn 13,1), es dejar de lado lo que nos movía antes y buscar amar de manera semejante a la suya (Jn 13,34). Esto es de forma concreta y eficaz: haciendo el bien (Hch 10,38), sirviendo a todo aquel que necesite algo de nosotros, que es lo mismo que cuando enseñó que el más grande, en la perspectiva del Reino de Dios, es el que sirve (Mc 10,34).
Nos has amado, Señor, hasta entregar toda tu vida, con muerte infame incluida, por y para nosotros. Pero ese amor tuyo, pleno, total, definitivo, ha abierto para nosotros las puertas de la vida para siempre y hoy en todas partes, en las personas, en los acontecimientos, podemos descubrir la fuerza luminosa de tu vida que contagia vida. Por tanto que nos has dado, gracias, Señor.
Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, estar atentos para ver a los muchos que sufren a nuestro alrededor y hacer algo por ellos,
Miguel.










