PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo
Domingo de la Sexta Semana Durante el Año
Lecturas de la Misa:
Eclesiástico 15, 15-20 / Salmo 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 Felices los que siguen la ley del Señor / I Corintios 2, 6-10
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 20-22. 27-28. 33-34. 37
Jesús dijo a sus discípulos:
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: «No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal». Pero Yo les digo que ome.
Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero Yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: «No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor». Pero Yo les digo que no juren de ningún modo.
Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.
Palabra del Señor.
MEDITACION
La invitación para entrar en el Reino se da así: «Si quieres, puedes observar los mandamientos» (1L), sin embargo, para eso tiene que ser de una forma «superior a la de los escribas y fariseos» (Ev), que era cumplidora por temor y vanagloria, pero que de ninguna manera comprometían el corazón ni la esencia personal. De esta manera distinta podremos descubrir la alegría de utilizar para lo que fueron hechos los sentimientos humanos: para unir a las personas. Todo esto «es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que Él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo» (2L). Debido a eso pueden ser «Felices los que cumplen sus prescripciones» (Sal), si lo hacen con amor, al estilo humilde y servidor de Jesús.
De mandamientos y obligaciones éticas...
En nuestros tiempos la palabra dada vale muy poco o nada. Necesitamos firmas, huellas digitales y hasta “ministros de fe”, los llamados notarios, para obligarnos a cumplir con lo que nos hemos comprometido.
Jesús nos invita a que nos tomemos en serio a nosotros mismos, valorando lo que hemos dicho, siendo coherentes entre esto y lo que realizamos: «Cuando ustedes digan "sí", que sea sí, y cuando digan "no", que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno».
También él espera que, con mayor razón, nos tomemos en serio la Palabra de Dios, porque los mandamientos de Él no son ocurrencias arbitrarias que nos impuso para complicarnos la vida, como muchos parecen creer. No olvidemos que Él, al realizar la entera Creación, todo lo hizo bien (Gn 1,31), pero sabe, y mejor que nadie, también qué es lo mejor para nosotros, que fuimos creados por Él.
Es por eso que, para educar a su pueblo, dictó las normas que lo distinguirían de numerosas otras naciones y tribus, los Mandamientos, para ordenar los caprichos y egoísmos que suelen aflorar en nuestras relaciones con los demás, lo que provoca, principalmente, actitudes violentas y, a raíz de eso, todos los otros males que aquejan a la raza humana.
Pero, así somos los humanos, con el tiempo se fueron interpretando y acomodando al interés de algunos estos mandatos que eran tan claros. Lo peor era que los principales torcedores de la voluntad divina eran quienes tenían a su cargo conducir desde la religión a ese mismo pueblo, a quienes Jesús identifica como «los escribas y fariseos».
El Maestro es muy tajante al respecto: les dice a sus seguidores que su sentido de la justicia (de actuar conforme a lo que son los criterios de Dios) debiese ser mayor que el de los religiosos, quienes desde sus posiciones privilegiadas cambiaban arbitrariamente las leyes para sus intereses particulares. «Hipócritas», los califica (Mt 23).
Quien no siga esta enseñanza, advierte, no se pone en sintonía con su proyecto de un mundo nuevo, donde reine el Buen Padre Dios: «no entrarán en el Reino de los Cielos». Y va poniendo ejemplos:
«Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal"». Esto es prístino, no caben interpretaciones, pero… entonces, tal como ocurre hoy, se buscaba excepciones "razonables": que los enemigos, que la patria, que los... etc. Para Jesús la raíz de los mandamientos era educar a la conciencia: «Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal».
Algo semejante sucede con la necesidad de fidelidad para crecer en una relación de pareja, en la que no debe haber traición de la confianza: «Ustedes han oído que se dijo: "No cometerás adulterio"». Para eso, no basta con evitarlo por temor, por tradición o por lo que sea. Lo importante es lo que se siente interiormente (con intenciones de concretarlo) «Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón».
Y, en el mismo sentido, se nos recomienda no adornar nuestras palabras con juramentos por lo más sagrado que hay: «Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: "No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor". Pero yo les digo que no juren de ningún modo», porque lo correcto es hacer lo que se dijo, sin utilizar al Santísimo, ya que, de esa manera, como recordábamos al comienzo, "el diablo mete la cola" y mancha todo lo bueno que queramos y podemos ser.
Concluyamos reafirmando que de Dios solo debemos esperar cosas buenas, por lo que no corresponde ver sus Mandamientos como una carga, sino como caminos para una vida más plena. Y, para que esto sea posible, tampoco debemos aferrarnos a las palabras, sino intentar, guiados por Jesús, encontrar el sentido para el Padre de sus orientaciones: mientras más bien haga a los demás, más seguros podemos estar de ir en la dirección adecuada.
Aumenta nuestra sabiduría, Señor, de forma que escuchemos con oído atento tu voluntad, pero, por sobre todo, que sepamos dirigir nuestro corazón por los caminos de bien, para nosotros y los demás, que se encuentran en el sentido profundo de los Mandamientos del Buen Padre Dios. Así sea.
Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, abrir la comprensión al sentido profundamente amoroso y servidor de la voluntad del Padre Dios,
Miguel.

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