PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
24 de noviembre de 2013
JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Lecturas:
I Samuel 5, 1-3
/ Salmo 121, 1-2. 4-5 ¡Vamos
con alegría a la Casa del Señor! / Colosenses 1, 12-20
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
23, 35-43
Después de que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y
miraba. Sus jefes, burlándose, decían: «Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí
mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!»
También los soldados se burlaban de Él y, acercándose para ofrecerle
vinagre, le decían: «Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!»
Sobre su cabeza había una inscripción: «Éste es el rey de los judíos».
Uno
de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías?
Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que
sufres la misma pena que Él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos
nuestras culpas, pero Él no ha hecho nada malo».
Y
decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino».
Él
le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Palabra del Señor.
MEDITACION
Donde «está el trono
de la justicia» (Sal) se encuentra «el Mesías de Dios, el Elegido!» (Ev), que
es «Imagen del Dios invisible» (2L), hecho hombre para hacer posible que el
Reino de la Verdad y la Alegría para todos comience a hacerse presente desde
ese momento hasta cuando regrese en majestad.
En
el lenguaje popular se habla de “salvarse solo” cuando alguien se preocupa de
sí mismo sin tomar en cuenta a los demás. Los adversarios de Jesús, en el
momento de su triunfo aparente sobre él, se burlan instándolo a hacer lo mismo
que hacía por otros esta vez en beneficio propio: «¡sálvate
a ti mismo!».
Nunca
lo entendieron.
Él
«no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una
multitud» (Mt 20.28).
Quién
sí lo comprendió fue uno de los más inesperados: uno de los malhechores que
estaban
crucificados junto a él, quien, en su corazón sencillo, fue capaz de
ver más allá del lugar donde estaban padeciendo y, probablemente al valorar su
actitud en esa situación, entendió que habría un Reino que Jesús vendría a
establecer. Y –además de intuir que podía confiar en que sería posible-
humildemente le pide ser considerado cuando eso suceda.
Jesucristo,
el Rey del Universo es disponible para los demás, tiene gran sensibilidad por
sus necesidades y se hace cercano a los que sufren hasta el punto de sufrir
junto con ellos.
Ahora,
para que sirva de algo hoy este título del Señor, en primer lugar, debe reinar
en los corazones de sus discípulos, porque cuando eso ocurre, el accionar de ellos hace que se repitan esas
mismas disposiciones suyas en el presente y siempre.
Que
permitamos que reines en nuestro corazón, Señor, para que sirvas también por
medio de nosotros. Así sea.
Con el corazón
lleno de Paz, Amor y Alegría porque Cristo reina en él,
Miguel.


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