miércoles, 29 de julio de 2026

Jesús, el de la compasión activa

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

2 de Agosto de 2026                                              

Domingo de la Décimo Octava Semana Durante el Año

 

Lecturas de la Misa:

Isaías 55, 1-3 / Salmo 144, 8-9. 15-18 Abres tu mano, Señor, y nos colmas de tus bienes / Romanos 8, 35. 37-39

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     14, 13-21


    Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos.
    Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».
    Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».
    Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».
    «Tráiganmelos aquí», les dijo.
    Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
    Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

Nuestro Señor «está cerca de aquellos que lo invocan» (Sal) y de quienes, sin hacerlo, se presentan ante él con sus debilidades: «Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos» (Ev), esto, porque nada «podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (2L). Sin embargo, para que su accionar misericordioso siga desarrollándose, es necesario que los cristianos «Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán» (1L) y una vez oído su mensaje, salgamos de nuestras comodidades y también nos ocupemos de los necesitados, poniendo en práctica sus enseñanzas.

…Y nuestro deber de saciar las distintas hambres del mundo.

La imagen que se tiene generalmente de un líder religioso es la de una persona muy ocupada, además de preocupada de muchas cosas: reuniones y actividades variadas. Tantas, que da la apariencia de estar ajeno y hasta ser indiferente a las necesidades y dolores del rebaño puesto a su cuidado.

Preguntémonos: ¿nuestro líder original, Jesús, se asemejaba a esto? Claramente, no. Él no era, ni por asomo, una especie de "funcionario de la fe". Por el contrario, él, como enseñó, «no vino para ser servido, sino para servir» (Mc 10,45), invitando a sus discípulos a hacer igual.

Por eso, según se nos cuenta, «vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos», y esto, porque lo que ha aprendido de Dios, su Padre, es que es imprescindible, permanentemente, atender a las necesidades de la gente.

Él, por ejemplo, buscó aliviar el sufrimiento: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios» (Ex 3,7-8).

Y también su Padre, nuestro Padre y su Dios, nuestro Dios (Jn 20,17) es un Servidor conocido como quien «sació a los que sufrían sed y colmó de bienes a los hambrientos» (Sal 107,9).

Coherentemente con lo anterior, nos encontramos en el texto de hoy que los discípulos, al parecer, estaban impacientes por la larga jornada de curaciones de su Maestro y, tal vez, impulsados por su propia hambre, ya que habitualmente «no tenían tiempo ni para comer» (Mc 6,31). En esa situación, entonces, lo interrumpen con una idea que parece razonable: «ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». Ellos creen apropiado despedir a la gente para que cada uno vaya a solucionar su problema alimenticio.

Una vez más, no han estado entendiendo a Jesús. En situaciones como estas se ve que sus «pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mc 8,33), quienes encuentran muy normal desembarazarse de los que tienen carencias. Pero ¿qué sucederá con quienes no puedan comprar lo necesario? ¿Problema de ellos? No, problema de Jesús y de todos los que se sientan cercanos a él. Su mandato es perentorio y permanente: «denles de comer ustedes mismos».

Él había enseñado a pedirle al Padre: «Danos hoy nuestro pan de cada día» (Mt 6,11), para que comprendiésemos que Dios quiere que todos sus hijos e hijas no tengan hambre ningún día, invitando a enfocarse en quienes no posean los medios para saciar esa necesidad.

Los discípulos, ante la exigencia de su Maestro, sólo encuentran «cinco panes y dos pescados» entre la multitud. Evidentemente escaso. Para Jesús es suficiente, porque si todos comparten lo poco que tengan, se puede hacer mucho… hasta vencer el hambre de todos, tanto que «con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas».

El proyecto, la propuesta de Jesús, a la cual él llamaba “el Reino de los cielos” o “de Dios”, esa que ellos (igual que nosotros) no entendían, era y es que todos aportemos lo poco que tengamos de tal manera de hacer un "mucho" que cambie el mundo. De esa manera aportamos a construir una sociedad más humana, una donde dé la impresión que reina el amor de Dios, capaz de vencer el egoísmo y la indiferencia, llegando a lograr compartir fraterna y solidariamente, de tal manera que haya recursos suficientes para todos.


Según el “Proyecto Hambre” de las Naciones Unidas, alrededor de 24.000 personas mueren cada día de hambre o por causas relacionadas con el hambre. Eso es el 16% de toda la gente que fallece. Habiendo, como sabemos, recursos suficientes sólo una sería demasiado.

A los cristianos debería caérsenos la cara de vergüenza ante esta situación. ¿Cómo nos atrevemos a llamarnos seguidores de Jesús? Nosotros, que tenemos un mandato claro que no caduca: darles de comer. Esa sería una forma eficaz de proclamar el Evangelio, haciendo presente a Jesús en el mundo de hoy. Aquel de la compasión activa, que le duele y hace (y manda a hacer) algo al respecto.

 

Señor, Padre de todos, Tú que das el pan de cada día a cada ser vivo, toca el corazón de los líderes y de todos tus hijos, dándonos un corazón generoso para compartir lo que tenemos y no desperdiciar los frutos de la tierra, para que aportemos a que ningún niño ni familia se acueste con hambre. Guíanos para ser instrumentos de tu justicia y amor. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, crecer en conciencia sobre las necesidades de los demás y en generosidad para aportar a solucionarlas,

Miguel.

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