miércoles, 1 de julio de 2026

La necesidad de hacernos más pequeños

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

5 de Julio de 2026                                              

Domingo de la Décimo Cuarta Semana Durante el Año

 

Lecturas de la Misa:

Zacarías 9, 9-10 / Salmo 144, 1-2. 8-11. 13-14 Bendeciré tu nombre eternamente / Romanos 8, 9. 11-13

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     11, 25-30


    Jesús dijo:
    «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
    Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
    Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana».
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

Ya que «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Ev), es por medio de Jesús que hemos conocido la aparente paradoja sobre Dios: «él es justo y victorioso [pero] es humilde […] y proclamará la paz a las naciones» (1L), porque, antes que nada «es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia» (Sal). Y teniendo presente que, como se nos ha dicho: «el Espíritu de Dios habita en ustedes» (2L), nos corresponde actuar igual, a nuestra vez -humildes, bondadosos y compasivos-, cuando la vida nos ponga en situación de mostrarlo.

Para comprender lo que Dios tiene para revelarnos.

Hay una forma de actuar de nuestro Dios a lo largo de la Biblia, que es una forma de reflejarlo como Padre inmensamente misericordioso, con especial cariño por los últimos de la sociedad (Sal 68,6-7), como lo hace cualquier buen padre/madre con el más desvalido de sus hijos.

Algunos, de muchos ejemplos: Moisés le enseña al pueblo elegido: «El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. al contrario, tú eres el más insignificante de todos» (Dt 7,7).

Por su lado, de entre los hijos de Jesé, Él elige al menor de todos para que llegase a ser el rey de su pueblo (1 Sm 16,10-12); y el mismo Señor enseñó: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos» (Mt 19,14).

Y tenemos, por supuesto, el ejemplo más conocido para nosotros de haber seleccionado de entre todas las mujeres, a una jovencita, y de entre todos los lugares posibles, habitante de un poblado apenas conocido para ser, ni más ni menos, que la madre de Su Hijo, una que era tan humilde que, cuando comprende la tremenda misión que se le da, la acoge con estas palabras a su anunciador: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lc 1,38).

Podemos entender con estos ejemplos -hay más- que Dios prefiere a los más sencillos. Pero, ¿no nos han dicho que «Dios no hace acepción de personas» (Hch 10,34)? Aquello lo afirma una de las primeras predicaciones de Pedro. Sin embargo, inmediatamente después precisa: «en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a él» (Hch 10,35).

Nos puede ayudar, entonces, a entender esta alabanza a Dios del Maestro, porque ha «ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños» si nos fijamos en que unos versículos antes de estos, Jesús había recriminado a quienes no lo han acogido ni se han convertido. Y aquellos son los grandes personajes, los hombres de la religión oficial; aquellos que, supuestamente, eran los sabios encargados de guiar al pueblo de Dios, pero que no lo hacían “practicando la justicia”, aunque eran sus compatriotas del pueblo elegido.

¿Qué tan importante era para la Biblia, y por lo tanto para Jesús, la práctica de la justicia?


Dice el profeta: «Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios» (Miq 6,8); otro: «¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda!» (Isaías 1,17); y nuestro Maestro reprendiendo a los fariseos por cumplir las reglas rituales, pero «descuidando lo esencial de la Ley; la justicia, la misericordia y la fidelidad» (Mt 23,23).

Es tan relevante esto para Jesús, que, como sabemos, tenía en el centro de su predicación el Reino de Dios, y enseña: «Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura» (Mt 6,33).

Bueno, los pequeños, los sencillos, los pobres, sí tienen mejor acogida a la voluntad de Dios: son más solidarios, viven más la fraternidad. Es decir, es gente “de cualquier nación” que se esfuerza por aportar a que el mundo sea menos injusto, viviendo el mandamiento del amor de Jesús (Jn 13,34), aunque no sean muy conscientes de esto o no tengan el don de la fe.

Por su lado, los sabios no logran entender al Señor que «es lento para enojarse y está lleno de misericordia» (Num 14,18), porque tienen los ojos y el corazón bloqueados con sus conocimientos autosuficientes que no les dejan espacio a lo que tenga Dios para enseñarles.

Podemos concluir, entonces, que Dios prefiere a los sencillos, porque ellos prefieren a Dios; son los que no tienen nada, por lo que lo reciben todo con asombro agradecido y expresan ese agradecimiento con cariño hacia los demás. Y eso Jesús lo valora y lo alaba.

 

También te alabamos, Padre de quien «siendo rico, se hizo pobre por nosotros» (2 Cor 8,9), porque enriqueces la vida de los pequeños y sencillos con sus palabras de Vida eterna, que permiten que, en su falta de soberbia, acojan mejor tu deseo de que tengamos una existencia más plena, más conforme a tu voluntad de amor por todos. Gracias, Señor.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, hacernos cada vez más pequeños y humildes para tener una mejor disposición a comprender su beneficioso mensaje para todos,

Miguel.

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