miércoles, 16 de septiembre de 2026

Un exceso de bondad del Padre Dios

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

20 de Septiembre de 2026                                              

Domingo de la Vigésimo Quinta Semana Durante el Año

 

Lecturas de la Misa:

Isaías 55, 6-9 / Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18 El Señor está cerca de aquellos que lo invocan / Filipenses 1, 20-26

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     19, 30—20, 16


    Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
    Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: "Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo". Y ellos fueron.
    Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?" Ellos les respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña".
    Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros".
    Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada".
    El propietario respondió a uno de ellos: "Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?"
    Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».
Palabra del Señor.

 

MEDITACION

Como bien nos dice el Señor por boca del profeta: «los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos» (1L), ya que, muy por el contrario a nuestras actitudes, «El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones» (Sal). Tanto es así, que Jesús nos lo representa como alguien en búsqueda permanente de quienes están en necesidad para darles una solución y ser generoso con ellos (Ev). Entonces, si nos decimos cristianos, como para decir «para mí la vida es Cristo» (2L), sintámonos llamados a agradecer tanta preocupación y dedicación, preocupándonos y dedicándonos, a nuestra vez, a quienes lo necesitan y no le conocen. O le conocen mal…

No tomar a mal que Dios sea bueno.

Es impresionante la cantidad de reacciones negativas que provoca esta parábola, incluso en cristianos de toda la vida, los que se molestan por la actitud "injusta" del patrón (de pasada, olvidando que Jesús está hablando simbólicamente del mismo Padre Dios). El desagrado lo produce el analizar la historia desde el punto de vista de que se recompensa de igual forma a todos, sin sopesar adecuadamente la distinta cantidad de tiempo que trabajaron unos y otros.

Pero esto no toma en cuenta que la parábola relata que el propietario «salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día» ¿Y cuánto les pagó al concluir la jornada? Lo comprometido. No puede ser más justo, ya que fue exactamente el acuerdo al que llegaron para realizar la labor.

El aparente conflicto se produce porque a aquellos que contrata a «media mañana», después «al mediodía y a media tarde» y finalmente también «al caer la tarde», a todos les pagó lo mismo que a los primeros. Teniendo presente el importante dato de que ese monto era lo que se consideraba lo necesario para el sustento diario.

El propietario decide pagar no lo estrictamente ajustado al tiempo de trabajo, sino según la necesidad de los obreros. Ante esto, el problema sería, entonces, que los primeros (y de alguna manera incomprensible, los creyentes de los que hablamos al comienzo) no toleran, en palabras del patrón -el Padre-, que tenga «derecho a disponer de mis bienes como me parece». Agregando una lacerante pregunta: «¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?».

Podemos concluir, por lo tanto, que no existe ninguna injusticia; lo que hay es un exceso de bondad. Y, a la vez, en una interpretación de este texto, comprender que para Jesús así es exactamente nuestro Dios: siempre da, siempre va en busca de todos, llama a todos hasta la última hora. Y eso, tristemente, cuando no nos beneficia a nosotros, nos irrita mucho.

Con esa misma mentalidad funciona nuestro mundo. Debido a esa actitud eminentemente materialista, se mira a la persona simplemente como factor de producción, sin tener en cuenta sus sentimientos, sus necesidades, sus circunstancias...

Esa misma mentalidad exclusivamente "productiva" es la que no considera aceptable recompensar con un salario completo a quien ha trabajado solamente unas cuantas horas.

Pues bien, cuando las estructuras económicas inspiradas por esto, dictan las leyes, tenemos como resultados migrantes que mueren de hambre, personas mayores que no encuentran trabajo ni pensión, ancianos abandonados a su suerte y millones de pobres que son mirados como carga y como excedentes en este mundo materializado.


Proféticamente, el Papa Francisco denunció estas situaciones como "una economía que mata", concepto que retoma su sucesor, Leon XIV, explicitando que "mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz".

Esto nos recuerda la importante lección de nuestro Maestro, quien opuso el servicio a Dios al del dinero (Mt 6,24), porque cuando se privilegia a este último, se sacrifican en su honor las personas y hasta la naturaleza, es decir, toda la Creación.

La enseñanza de este día apunta a notar que en el Reino de los Cielos (en el corazón del Buen Dios) ocurre de manera muy diferente: no importa tanto la producción, sino el ser humano. Quienes se encuentran en sintonía con Él pueden sentir que, aunque hayan "trabajado todo el día" les queda entusiasmo y alegría de hacer partícipes a los demás de lo que han logrado, porque «Dios ama al que da con alegría» (2 Cor 9,7).

 

Señor, aliviana nuestro corazón y haz crecer nuestro entendimiento, de tal manera de aceptar con alegría que el Buen Dios sea bueno con otros también, además de comprender que todo lo mucho que el Padre nos ha dado lo podemos disfrutar a plenitud si lo compartimos, y así, esos dones misericordiosamente crecen más aún. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, aceptar la tremendamente inmensa bondad del Buen Padre Dios y contagiarnos de ella hacia los demás,

Miguel.

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