«Yo les digo:
Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores»
(Mt 5,44)
Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el
bien.
Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros
como más dignos.
Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al
Señor.
Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación
y perseverantes en la oración.
Consideren como propias las necesidades de los santos y
practiquen generosamente la hospitalidad.
Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan
nunca.
Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que
lloran.
Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir,
pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios.
No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien
delante de todos los hombres.
En cuanto dependa de ustedes, traten de vivir en paz con
todos.
Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos,
antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo
daré la retribución, dice el Señor.
Y en otra parte está escrito: Si tu enemigo tiene hambre,
dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones
encendidos sobre su cabeza.
No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al
mal, haciendo el bien.
Pablo de Tarso
(Romanos 12,9-21)

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