28 de abril de 2014
Lunes de la Segunda Semana de Pascua
Lecturas:
Hechos 4, 23-31 / Salmo 2, 1-9 ¡Felices los que se refugian en ti, Señor!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 1-8
Había entre los fariseos un hombre llamado
Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús
y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar,
porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él.»
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no
renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios.»
Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede
nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su
madre y volver a nacer?»
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no
nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace
de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de
que te haya dicho: "Ustedes tienen que renacer de lo alto."
El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz,
pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha
nacido del Espíritu.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
Para que tenga sentido celebrar la Pascua de Resurrección,
se requiere un cambio, una renovación o una resurrección en ti mismo. Porque,
si todo sigue tal como estaba, ¿quién va a creer que realmente crees?
Es necesario “nacer del Espíritu” o
revestirse del hombre nuevo, dejando atrás al hombre viejo (cf
Ef 4,24) para poder ver en los signos de su
“revolución de la ternura” –como llamó el hermano Papa Francisco a la misión de
Jesús en la Tierra- que Dios estaba en él.
¿Cómo se es un ser humano renacido de lo alto?
Es alguien que, más que decir que le importan
o le preocupan los demás, tiene gestos y actitudes de cercanía, de comprensión
y de consuelo que así lo demuestran. Es decir alguien que más que decir que
cree en Cristo y que él venció a la muerte, con su forma de vivir y
relacionarse con los otros muestra que Jesús resucitado vive y actúa a través
de él o ella, que es otra forma de decir «ver el Reino de Dios».
«Señor, tú hiciste el
cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú, por medio del
Espíritu Santo, permite a tus servidores anunciar tu Palabra con toda libertad:
extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios en el
nombre de tu santo servidor Jesús» (1L). Así sea.
Reconociendo con
fe al Señor de la Paz, el Amor y la Alegría en sus múltiples signos,
Miguel.

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