26 de junio de 2014
Jueves de la Duodécima Semana Durante
el Año
Lecturas:
II Reyes 24, 8-17
/ Salmo 78, 1-5. 8-9
Líbranos, Señor, a causa de tu Nombre
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 7, 21-29
Jesús dijo a sus discípulos:
«No son los que me dicen: "Señor,
Señor", los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen
la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Muchos me dirán en aquel día:
"Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los
demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?"
Entonces yo les manifestaré:
"Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal."
Así, todo el que escucha las palabras
que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato
que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los
torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó
porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis
palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó
su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes,
soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue
grande.»
Cuando Jesús terminó de decir estas
palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, porque él les enseñaba
como quien tiene autoridad y no como sus escribas.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Las palabras que hemos ido revisando
durante estas últimas semanas (los capítulos 5 al 7 de Mateo, que son como un resumen
de todo el mensaje de Jesús) son todo un compendio de sensatez humana, lo que
llaman sabiduría.
Durante la historia de estos dos
últimos milenios, muchas personas han basado su vida sobre la roca firme de
esta Palabra, cumpliendo (o poniendo su mejor empeño en intentar cumplir) la
voluntad del Padre Dios.
Ellos nos han mostrado que es posible,
pese a lluvias, torrentes y vientos, vivir con alegría y paz en el corazón el
amor hacia los hermanos.
En Chile, podemos recordar al padre
Hurtado y su “contento, Señor, contento”, incluso en medio de los dolores del
cáncer de páncreas que lo llevó a la morada definitiva.
Pero hay muchos otros (y me atrevo a
decir, sobre todo otras), que son personas anónimas que se entregan a diario a
los demás, desde las madres abnegadas que sacrifican su bienestar por el de sus
hijos hasta aquellos y aquellas que están en diversas organizaciones que luchan
por un mundo mejor, lo hagan o no en nombre de Jesús. Pero por ese solo hecho,
él los siente de los suyos, mucho más que los que le digan fácilmente «Señor, Señor», pero no
muevan un dedo por ayudar a sanar los dolores ni superar las necesidades de sus
hermanos, los otros hijos de Dios.
Que nuestras manos dando sean más ágiles
que nuestros labios orando, Señor, para que se cumpla la voluntad del Padre de
los cielos, según nos has enseñado. Así sea.
Alimentados del
único Pan de Vida, que otorga Paz, Amor y Alegría,
Miguel.


No hay comentarios:
Publicar un comentario