jueves, 26 de junio de 2014

¿En qué Dios creer?

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
29 de junio de 2014
SANTOS PEDRO Y PABLO apóstoles

Lecturas:
Hechos 12, 1-11 / Salmo 33, 2-9 El Señor me libró de todos mis temores / II Timoteo 4, 6-8.17-18

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   16, 13-19
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Jesús pregunta a todos: «ustedes, ¿quién dicen que soy?» (Ev), porque de la respuesta depende la actitud que cada cual tome ante la vida. Hoy celebramos a dos grandes modelos de discípulos, uno, Pedro, que por ser fiel a su Maestro debió sufrir persecución y cárcel (1L); y otro, Pablo, quien después de una vida de evangelizador puede decir: «he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe» (2L). Si actuamos como discípulos de quien vino para (y nos envió a) llevar la Buena Noticia a los pobres (cf Lc 4,18; 7,22), eso hace realidad el Reino y permite «que lo oigan los humildes y se alegren» (Sal).
Las tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo), tienen en común, precisamente, la fe en el Dios Único, aquel que se le reveló a Abraham, por lo que aproximadamente la mitad de la humanidad cree en esto, independiente del nombre que cada cual le dé y de las formas que cada agrupación utilice para adorarlo.
Sin embargo, a veces me pregunto, ¿creemos realmente en el mismo Dios?
Claro, lo primero que a uno se le puede venir a la cabeza es lo que hemos sabido de los musulmanes que se suicidan en atentados terribles contra otras personas, lo que sienten que hacen “en nombre de Alá”; pero ellos, por su parte, no olvidan que los cristianos en nombre de su Dios (el mismo, insisto) les invadieron cometiendo muchas atrocidades contra ellos durante las Cruzadas. Así como los judíos recuerdan que los padecimientos que les hicieron sufrir autoridades cristianas, durante la Inquisición; y los musulmanes ven a los seguidores de la religión hebrea como quienes en nombre de su Dios (otra vez) les han declarado la guerra y hasta hoy continúan expulsándolos de sus territorios…  Y, así, tristemente, muchos ejemplos más.
Por otro lado, cuesta creer que los obispos que bendicen tanques, aviones u otros instrumentos de guerra para matar, tengan fe en el mismo Dios de la Vida que predicó Jesús. O que los empresarios que abusan de sus trabajadores, pagando sueldos miserables, al mismo tiempo que se dan lujos más propios de países altamente desarrollados, vayan a Misa.
Es un solo Dios, pero que se lo “comprende” de distintas maneras.
Ante esto, creo que la más adecuada, en la que hay que creer, por la fiabilidad de quien viene es la que muestra «el Hijo de Dios vivo», quien ha enseñado que Él es un Padre, uno que ama a todos sus hijos de una manera inmensa e incomparable.
Reflexionando sobre esto, uno de sus discípulos saca las siguientes conclusiones: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él […] Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. El que dice: "Amo a Dios", y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.» (1 Jn 4,16-21)
Así se entiende que haya tantos que prefieran hacerse un “dios a su medida” y ajustar las enseñanzas de Cristo a su conveniencia: tomarlas en serio implica un compromiso de vida. Pero, a la vez, queda claro que actuar de una manera que vaya contra el amor entre los seres humanos es faltarle el respeto al nombre del Dios en el que creen más de dos mil millones de personas.

Señor: que nuestras acciones y palabras muestren con claridad que creemos en ti, Dios de la Vida y en tu Hijo, Jesús, el Mesías. Así sea.

Con Paz, Amor y Alegría por reconocer e intentar transmitir con la vida que Jesús es el Hijo del Dios de la Vida,
Miguel.

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