PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
8 de junio de 2014
Pentecostés
Lecturas:
Hechos 2, 1-11 / Salmo 103, 1. 24. 29-31.
34 Señor, envía tu Espíritu y renueva la
faz de la tierra. / I Corintios 12, 3-7. 12-13
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-23
Al atardecer de ese mismo día, el primero de
la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los
discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos,
les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y
su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con
ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al
decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los
pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a
los que ustedes se los retengan.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
La
unidad, estar «todos reunidos en el mismo
lugar» (1L), es la situación ideal que busca el
Resucitado para soplar la vida nueva sobre los discípulos (Ev), porque «si envías
tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra» (Sal), y eso lo hace para que quienes creen sirvan a los demás
con las capacidades que él les da, ya que «en
cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común» (2L).
El nombre del blog donde publico estas
meditaciones basadas en el evangelio y desde el que se envían estos correos
nació de ver que alguien firmaba sus correos con el viejo saludo hippie “paz y
amor”, entonces, sentí que ambos conceptos estaban muy relacionados con la
buena noticia de Jesús, pero le hacía falta uno que para mí es esencial, por
eso le agregué la palabra “alegría”.
Pero, además, eso tenía en cuenta mi
trayectoria espiritual personal. Llegó un momento en que, después de haber
pasado por altos y bajos en mi fe, logré un estado de paz permanente por
saberme acogido por el Padre Dios, eso hizo que sintiera la necesidad de buscar
responderle con lo que entendía que era la forma que él señalaba: con amor por
los demás; y, en la medida que lo he logrado, me he llenado de alegría.
En una meditación, pasado el tiempo, me llegó
al corazón la imagen de que la paz es el regalo del
Padre creador, como en el
Paraíso, antes del pecado. Por su lado, el amor es el estandarte del Hijo
Redentor, quien nos amó hasta el fin (Jn 13,1), hasta el último aliento y la
última gota de agua y sangre (Jn 19,34). Y, por último, pero no menos
importante, donde actúa el Espíritu Santo explota la alegría (cf Lc 1,41;
10,21).
Posteriormente, me di cuenta que, según
Pablo, justamente entre los primeros frutos del Espíritu Santo están estos tres
(Gal 5,22). Y después me
encontré este evangelio, en el que se ve al Maestro primero ofreciendo su paz y
luego enseñando los signos de que su amor no tiene límites, lo cual llena de
alegría a los discípulos. Todo lo anterior, enmarcado en la recepción de su
Espíritu, junto con el encargo de anunciar el perdón que ofrece generosamente
el Padre, lo que es, precisamente, la fuente más importante de nuestra paz… Y,
así, vuelve a girar el círculo virtuoso.
En suma, como intento ser seguidor de Jesús,
no creo en coincidencias, sino que, en este caso, han sido Dios-cidencias las
que me han guiado en todo este recorrido que he narrado, para recibir estos
regalos que hoy comparto contigo.
Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de
la tierra, renovando nuestras prácticas para que las orientemos hacia el servicio
del Reino de la Paz, el Amor y la Alegría. Así sea.
Recibiendo el
Espíritu de la Paz, el Amor y la Alegría, para manifestarlo en bien común,
Miguel.


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