«Dios lo resucitó de entre los muertos
y lo hizo sentar a su derecha en el cielo»
(Ef 1,20)
Ya moras junto al Padre para siempre
desde el instante de tu amor sangrado;
cuando la tenue vida que quedaba
la diste como esposo enamorado.
Mas hoy se nos descubre tu presencia
y sales de la vida a nuestro lado;
y, desde acá, al cielo asciendes,
dejándonos los últimos encargos.
El Evangelio, flor de tus deseos,
será tu voluntad en nuestros labios;
será nuestra misión lanzar al mundo
el eco de tu voz que ha resonado.
Veremos florecer la primavera
y haremos grandes obras por tu brazo,
que tú eres Misionero desde el cielo,
con este corazón que te entregamos.
A quienes de verdad creyendo acojan
prometes bendecirlos con milagros;
Señor Jesús, el único y querido,
¡por más amarte muestra tu reinado!
Asciéndenos contigo hasta tu Padre,
pues ya contigo fuimos sepultados:
¡Eterna gloria a ti, la que mereces,
oh Hijo de su amor, santificado! Amén.
P. Rufino María
Grández, ofmcap.

No hay comentarios:
Publicar un comentario