PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
6 de julio de 2014
Décimo Cuarto Domingo Durante el Año
Lecturas:
Zacarías 9, 9-10
/ Salmo 144, 1-2.
8-11. 13-14 Bendeciré tu nombre
eternamente / Romanos 8, 9. 11-13
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 25-30
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado
estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre,
así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los
aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y
humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi
carga liviana.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Como
«nadie conoce al Padre sino el Hijo y
aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Ev), a través de él hemos conocido la aparente
paradoja sobre Dios: «él es justo y
victorioso [pero] es humilde […] y proclamará la paz a las naciones» (1L), porque, antes que
nada «es bondadoso y compasivo, lento
para enojarse y de gran misericordia» (Sal). Y ya que «el Espíritu de Dios habita en ustedes» (2L), nos corresponde
actuar igual, a nuestra vez, cuando nos corresponda.
Conversaba con una persona cristiana,
compañera de trabajo. Comentábamos el caso de una joven, que laboraba en la
misma empresa, la que había fallecido en un accidente. Entonces me contó como
antecedentes, que ella vivía con su madre y un hermano discapacitado; que su
padre había muerto hace un año; y que esta niña era quien mantenía la casa.
Entonces, hizo el comentario-pregunta: “¿por qué Dios se ensaña con algunas
personas?”. Atiné a decirle: “¿qué culpa tiene Dios? Él no apagó el calefont
(dentro del baño, que fue la causa del accidente)…” En ese momento dijo:
“bueno, ojalá que Dios les dé la fuerza que necesitan”
Hay una dualidad extraña en mucha
gente, en lo que respecta a Dios: de lo malo es “culpable”; en lo bueno, no se
lo recuerda. Es más, he conocido varias personas que no creen en él,
precisamente porque alguien sufrió por algún motivo.
Es decir, aquel que “no existe” es
responsable del mal. Y, como no realiza lo que según nuestro criterio es lo
bueno, tampoco debiese existir. O se lo “castiga” con la indiferencia.
Bueno, yo tengo una fe agradecida,
porque estoy conciente de estar entre los “enfermos” a quienes dedicó su vida
el Maestro (cf Mt 9,12-13),
porque así comprendía que lo quería su Padre del cielo.
Por eso, y por las enseñanzas del
Nazareno también sé que, al contrario de esa sensación que tiene bastantes
personas como la mencionada al comienzo, el buen Padre de Jesús es bueno con
todos y de Él sólo pueden provenir cosas maravillosas. Y estoy convencido, por
experiencia de vida, que el origen de las que son malas suele estar en otro
lado, el más lejano a su amor misericordioso y que tienen más bien relación con
decisiones erróneas nuestras (como la del caso que mencionaba) o con opciones
guiadas por el egoísmo de algunos para afectar a otros.
Pero sí, el Padre bueno nos da las
herramientas suficientes para hacer el bien a los demás y trabajar por evitar
el mal. Pero esas cosas no las descubren quienes tienen actitudes “sabias y
prudentes” que ponen en primer lugar el “yo” y no toman en cuenta a los demás.
Y esa es la responsabilidad que
debiésemos sentir quienes tenemos el atrevimiento de llamarnos cristianos:
buscar ser más sencillos y transmitir estas revelaciones del «Señor del cielo y
de la tierra», nuestro Dios.
Te bendecimos, Padre bueno, porque te
acercas en primer lugar a los humildes; te damos gracias, Jesús hermano, por
aliviar nuestra vida agobiada; te alabamos Espíritu santificador, por guiarnos
por los caminos de la fe. Gloria a ti, Señor.
Buscando vivir
con la fe de los sencillos, llenos de Paz, Amor y Alegría por la Buena Noticia
del amor de Dios,
Miguel.


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