jueves, 3 de julio de 2014

Para captar la revelación de la bondad de Dios

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
6 de julio de 2014
Décimo Cuarto Domingo Durante el Año

Lecturas:
Zacarías 9, 9-10 / Salmo 144, 1-2. 8-11. 13-14 Bendeciré tu nombre eternamente / Romanos 8, 9. 11-13

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   11, 25-30
    Jesús dijo:
    Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
    Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
    Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Como «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Ev), a través de él hemos conocido la aparente paradoja sobre Dios: «él es justo y victorioso [pero] es humilde […] y proclamará la paz a las naciones» (1L), porque, antes que nada «es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia» (Sal). Y ya que «el Espíritu de Dios habita en ustedes» (2L), nos corresponde actuar igual, a nuestra vez, cuando nos corresponda.
Conversaba con una persona cristiana, compañera de trabajo. Comentábamos el caso de una joven, que laboraba en la misma empresa, la que había fallecido en un accidente. Entonces me contó como antecedentes, que ella vivía con su madre y un hermano discapacitado; que su padre había muerto hace un año; y que esta niña era quien mantenía la casa. Entonces, hizo el comentario-pregunta: “¿por qué Dios se ensaña con algunas personas?”. Atiné a decirle: “¿qué culpa tiene Dios? Él no apagó el calefont (dentro del baño, que fue la causa del accidente)…” En ese momento dijo: “bueno, ojalá que Dios les dé la fuerza que necesitan”
Hay una dualidad extraña en mucha gente, en lo que respecta a Dios: de lo malo es “culpable”; en lo bueno, no se lo recuerda. Es más, he conocido varias personas que no creen en él, precisamente porque alguien sufrió por algún motivo.
Es decir, aquel que “no existe” es responsable del mal. Y, como no realiza lo que según nuestro criterio es lo bueno, tampoco debiese existir. O se lo “castiga” con la indiferencia.
Bueno, yo tengo una fe agradecida, porque estoy conciente de estar entre los “enfermos” a quienes dedicó su vida el Maestro (cf Mt 9,12-13), porque así comprendía que lo quería su Padre del cielo.
Por eso, y por las enseñanzas del Nazareno también sé que, al contrario de esa sensación que tiene bastantes personas como la mencionada al comienzo, el buen Padre de Jesús es bueno con todos y de Él sólo pueden provenir cosas maravillosas. Y estoy convencido, por experiencia de vida, que el origen de las que son malas suele estar en otro lado, el más lejano a su amor misericordioso y que tienen más bien relación con decisiones erróneas nuestras (como la del caso que mencionaba) o con opciones guiadas por el egoísmo de algunos para afectar a otros.
Y Dios no es un titiritero que maneja lo que los seres humanos hacemos.
Pero sí, el Padre bueno nos da las herramientas suficientes para hacer el bien a los demás y trabajar por evitar el mal. Pero esas cosas no las descubren quienes tienen actitudes “sabias y prudentes” que ponen en primer lugar el “yo” y no toman en cuenta a los demás. 
Y esa es la responsabilidad que debiésemos sentir quienes tenemos el atrevimiento de llamarnos cristianos: buscar ser más sencillos y transmitir estas revelaciones del «Señor del cielo y de la tierra», nuestro Dios.

Te bendecimos, Padre bueno, porque te acercas en primer lugar a los humildes; te damos gracias, Jesús hermano, por aliviar nuestra vida agobiada; te alabamos Espíritu santificador, por guiarnos por los caminos de la fe. Gloria a ti, Señor.

Buscando vivir con la fe de los sencillos, llenos de Paz, Amor y Alegría por la Buena Noticia del amor de Dios,

Miguel.

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