viernes, 4 de julio de 2014

Aprendiendo de Jesús a ser compasivos

4 de julio de 2014
Viernes de la Décimotercera Semana Durante el Año

Lecturas:
Amós 8, 4-6. 9-12 / Salmo 118, 2. 10. 20. 30. 40. 131 El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   9, 9-13
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Tendemos, lamentablemente, a clasificar a la gente y, en momentos de conflicto, peor aún, a polarizar entre “buenos” y “malos”, donde, por cierto, nosotros estamos siempre en el primer grupo…
Y esperamos que nuestros amigos sean “enemigos de nuestros enemigos”.
Los fariseos (palabra que significaba “separados”, porque se sentían distintos, por ser más puros, a todos los demás) acentuaban esa perversa característica: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús no se deja arrastrar a esa lógica: si hay “pecadores” (es decir, si hay quienes son honestos y se reconocen así, porque nadie puede “tirar la primera piedra”) él se pone a su lado, porque su misión es rescatarlos (rescatarnos) de sus (nuestras) miserias y devolverles (devolvernos) su (nuestra) dignidad de hijos de Dios.
Para todos y gratuitamente.
El objetivo es que, agradecidos, dejemos de segregar y, por el contrario, nos sintamos hermanados en nuestras miserias, seamos compasivos unos con otros y mejoremos las relaciones en nuestra familia humana.

Gracias, Señor, por sentarte a nuestra mesa y compartir nuestras vivencias, sin poner distancias con nadie, sino, por el contrario, aceptándonos a todos.

Con Paz, Amor y Alegría por reconocer e intentar transmitir con la vida que Jesús es el Hijo del Dios de la Vida,
Miguel


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