PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo
7 de Mayo de 2023
5° Domingo de Pascua de Resurrección
Lecturas de la Misa (algunas):
Hechos 6, 1-7 / Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19 Señor, que descienda tu amor sobre nosotros / I Pedro 2, 4-10
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-12
Jesús dijo a los fariseos:
«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz».
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia».
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
El evangelio de este día está tomado de la llamada “Última Cena” y en ese ambiente de despedida, como «los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia» (Sal), Jesús conoce la desazón que los embarga y alienta a los suyos (y a nosotros): «cuando haya ido [a la casa del Padre] y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes» (Ev), esto debido a que «ustedes […] son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó» (2L). Desde entonces, y mientras se haga realidad su promesa, ocurrirá que «la Palabra de Dios se extendía cada vez más [y] el número de discípulos aumentaba» (1L), para que alcance cada vez a más personas el regalo del amor de Dios hecho vida plena.
Para llegar al Dios que es amor.
Los discípulos ya llevaban unos años junto al Maestro, sin embargo, aún se preguntaban por el camino correcto a seguir y también pedían ver al Padre, no reconociéndolo en el Hijo…
A nosotros, probablemente, nos sucede de manera semejante: también podemos tener una experiencia de larga data con el Señor, por medio de nuestras distintas comunidades de fe, pero asaltarnos las mismas inquietudes.
Es que, de alguna manera, las distintas experiencias religiosas han ido agregando, con el paso del tiempo, tantas capas a la vivencia de encuentro con Jesús que, sin quererlo, por cierto, se nos puede perder el camino del Reino hacia el Buen Padre Dios.
Lo que encontramos en la base de las enseñanzas de Jesús es que su proyecto, el cual sentía que era el proyecto del Padre, era anunciar, promover, construir Su Reino de amor fraterno entre todos. Eso es lo fundamental para ser seguidor suyo.
En negativo, esto significa ir contra las normas que amarran a las personas, es decir, implica ir en sentido contrario de lo que nuestras sociedades han ido construyendo, que es lo que permiten o soportan los poderosos privilegiados. Y sufrió las consecuencias de esto.
En positivo -en versión resucitada y resucitadora-, lo vemos en la forma en que activamente fue haciendo su aporte a que esta hermandad humana se realizase, esto lo efectúa acercándose, tocando los dolores y angustias de la gente, para aliviarles, confortarles y algo que no valoramos lo suficiente: hacer sentir que se les está escuchando y tratando de entenderles.
Algunos, de muchos otros ejemplos:
Se hace presente para una mujer devastada por el dolor de haber perdido a alguien a quien amaba (Jn 20,15-16);
Se hace presente para una pareja desilusionada, desesperanzada, en su camino de regreso a Emaús (Lc 24,13-32);
Se hace presente en la desconfianza y confusión de un grupo de hombres encerrados por temor a que les hagan pagar caro su idealismo (Jn 20,19-20);
Se hace presente en el cansancio de unos pescadores que, pese a que han trabajado duro no han logrado frutos que recompensen su esfuerzo (Jn 21,3-9)
En fin, Jesús se hace presente en la vida, esa normal y cotidiana, que contiene lo más propio de lo humano: tristezas, desilusiones, angustias, confusiones. Todo esto, para ayudar y servir.
Es notable que sean estos, y no algunos hechos más litúrgicos o de los que consideramos “religiosos”, que destaquen los primeros cristianos de Aquel que triunfó sobre la muerte.
A nosotros, que nos interesamos por llegar al Padre misericordiosamente acogedor, nos conviene saber que el camino correcto es Jesús: su forma de relacionarse con los demás, ya que, en sus palabras, «el Padre que habita en mí es el que hace las obras».
Pero lo importante, lo trascendente de esto, es que no queda ahí (o no debería), porque da una hermosa tarea a sus seguidores: «el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores».
Señor, que eres el camino de verdad que conduce a la Vida plena o Eterna, la que se hace posible si creemos en ti, si te creemos a ti que nos enseñaste la forma querida por el Padre de relacionarnos entre nosotros, continúa guiando nuestros pasos para acercarnos cada vez más y cada vez mejor a tan bella posibilidad. Así sea.
Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, intentar ser fieles en el seguimiento del camino hacia el Reino del amor misericordioso, que es Jesús mismo,
Miguel.


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