21 de octubre de 2013
Lunes de la Vigésimo Novena Domingo Durante
el Año
Lecturas:
Romanos 4,
20-25 / Salmo Lc 1, 69-75 ¡Bendito
sea el Señor, Dios de Israel!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
12, 13-21
Uno
de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la
herencia».
Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro
entre ustedes?» Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en
medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus
riquezas.»
Les
dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían
producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: "¿Qué voy a hacer? No tengo
dónde guardar mi cosecha." Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré
mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y
mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos
años; descansa, come, bebe y date buena vida."
Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y
para quién será lo que has amontonado?"
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a
los ojos de Dios.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
Recuerdo
una ocasión en que a un grupo de padres se pidió hacer el ejercicio de escribir
una carta despidiéndose de los hijos. Uno de ellos, mientras redactaba
extensamente, lloraba mucho y, posteriormente, al momento de compartir los
resultados de la dinámica, manifestó que lo remeció darse cuenta de lo que aún
no había hecho ni dicho a sus niños.
A
todos nos sucede: se nos olvida algo tan fundamental como que cualquier día nos
pueden decir:
«esta misma noche vas a morir». Y los arrepentimientos serán inútiles por lo
tardíos.
Claro, nadie va a llevarse cada día, cada
hora y cada minuto pendiente de su probable expiración, porque esa tampoco es
una vida que valga la pena vivirse, pero sí es bueno para nosotros mismos que
nos sacudan de la rutina, haciéndonos notar que necesitamos aprovechar más y
mejor los preciosos momentos que tenemos, sumando experiencias valiosas, las
que tienen que ver, generalmente, con salir de nosotros mismos, no acumulando,
sino compartiendo riquezas materiales y de sentimientos.
Ayúdanos,
Señor, a hacernos ricos a los ojos del Padre, ampliando nuestra visión para
aprender a valorar lo bello de la vida y de sacarle provecho viviéndola
solidaria y generosamente con los demás. Así sea.
Orando y
actuando siempre para que crezcan y se desarrollen la Paz, el Amor y la Alegría
Miguel.


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