sábado, 26 de octubre de 2013

Una invitación, un desafío y una tarea permanente

26 de octubre de 2013
Sábado de la Vigésimo Novena Semana Durante el Año

Lecturas:
Romanos 8, 1-11 / Salmo 23, 1-6 ¡Benditos los que buscan tu rostro Señor!

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   13, 1-9
    En cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él respondió:
    «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera».
    Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?" Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"».
Palabra del Señor.

MEDITACION
«Si ustedes no se convierten…» es un recordatorio para nosotros de, al menos dos cosas:
     1.  Si somos honestos con nosotros mismos y con Dios, debemos reconocer que nuestro actuar no se asemeja a lo que Él esperaría de nosotros. Y a lo que nuestra alma también quisiera. Es decir, necesitamos convertirnos hacia el Reino del Amor; y
2   2.  Jesús, quien nos conoce tanto o mejor que nosotros mismos, sabe que podemos y, por eso, sigue esperando nuestros cambios. Es decir, tiene más esperanza en nosotros que la que nuestra autoestima nos permite tener.
Convertirse, entonces, es una invitación, un desafío y una tarea permanente.

Señor, buen viñador, trabaja el terreno de nuestra vida, como sólo tú puedes hacerlo, de manera que demos los frutos –en cantidad y calidad- que esperas de nosotros. Así sea.

Orando y actuando siempre para que crezcan y se desarrollen la Paz, el Amor y la Alegría
Miguel.


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