16 de noviembre de 2013
Sábado de la Trigésimo Segunda Semana Durante
el Año
Lecturas:
Sabiduría 18,
14-16; 19, 6-9 / Salmo 104, 2-3. 36-37. 42-43 ¡Recuerden las maravillas que hizo el Señor!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
18, 1-8
Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin
desanimarse:
«En
una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en
la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego
que me hagas justicia contra mi adversario."
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no
temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le
haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme."»
Y
el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia
a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les
aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».
Palabra del Señor.
MEDITACION
Comentaba
el Papa Francisco sobre este evangelio:
«Clamar
día y noche» a Dios. Nos impresiona esta imagen de la oración. Pero
preguntémonos: ¿por qué Dios quiere esto? ¿No conoce Él ya nuestras
necesidades? ¿Qué sentido tiene «insistir» con Dios?
Esta
es una buena pregunta, que nos hace profundizar en un aspecto muy importante de
la fe: Dios nos invita a orar con insistencia no porque no sabe lo que
necesitamos, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce
todo sobre nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en
las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el
Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él a nuestro
lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su
presencia junto a nosotros, su misericordia, también su ayuda. Pero la lucha
contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia —como Moisés,
que debía tener los brazos levantados para que su pueblo pudiera vencer (cf.
Ex 17, 8-13).
Es así: hay una lucha que conducir cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe
en Él es nuestra fuerza, y la oración es la expresión de esta fe. Por ello
Jesús nos asegura la victoria, pero al final se pregunta: «Cuando venga el Hijo
del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8). Si se apaga la fe,
se apaga la oración, y nosotros caminamos en la oscuridad, nos extraviamos en
el camino de la vida.
Por
lo tanto, aprendamos de la viuda del Evangelio a orar siempre, sin cansarnos.
¡Era valiente esta viuda! Sabía luchar por sus hijos. Pienso en muchas mujeres
que luchan por su familia, que rezan, que no se cansan nunca. Un recuerdo hoy,
de todos nosotros, para estas mujeres que, con su actitud, nos dan un auténtico
testimonio de fe, de valor, un modelo de oración. ¡Un recuerdo para ellas!
Rezar siempre, pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras. Él conoce
mejor que nosotros aquello que necesitamos. La oración perseverante es más bien
expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, en
cada momento, para vencer el mal con el bien.
(Angelus, 20 de octubre de 2013)
Danos
la fuerza para orar siempre, sin descansar; danos valor para luchar siempre sin
descansar; danos lo que necesitamos para amar siempre sin descansar, Señor. Así
sea.
Agradeciendo los
regalos de Dios a través del intento de vivir sirviendo con Paz, Amor y Alegría
en el corazón,
Miguel.

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