sábado, 23 de noviembre de 2013

Vivir no es sólo respirar…

23 de noviembre de 2013
Sábado de la Trigésimo Tercera Semana Durante el Año

Lecturas:
Macabeos 6, 1-13 / Salmo 9, 2-4. 6. 16. 19  ¡Me alegraré por tu victoria, Señor!

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   20, 27-40
    Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?»
    Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
    Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él».
    Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» Y ya no se atrevían a preguntarle nada.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Vivir no es sólo respirar e intentar mantenerse respirando lo más posible. Eso no es vida. Al menos, no en la perspectiva del Reino de Dios.
Porque, si el nuestro es un Dios «de vivientes» y es fuente de Vida, no podríamos creer que nos creó para la mediocridad. No: Él nos creó a su imagen y semejanza. Ni más ni menos.
Eso significa que en nosotros está en potencia la capacidad de amar, de sentir y entregar compasión por los desvalidos, de sentir y ser misericordiosos con todo aquel o aquella que lo necesite. Tal como Él es y como nos enseñó con su propio ejemplo su Hijo Jesús, nuestro Maestro y hermano.
Por eso, si Él vino para que tuviésemos Vida en abundancia (Jn 10,10), realizar menos que aquello es frustrar lo que Dios ha soñado para nosotros, para nuestra alegría y la de todos quienes nos rodean.

Sostennos con tu poder, Señor, para que no decaigamos en el camino a vivir la misericordia y la solidaridad con todo aquel o aquella que encontremos en el caminar de la vida que nos has dado. Así sea.

Esperando con Paz, Amor y Alegría en el corazón el gran Día de la Liberación,

Miguel.

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