miércoles, 4 de diciembre de 2013

La mejor parábola sobre el Reino

4 de diciembre de 2013
Miércoles de la Primera Semana de Adviento

Lecturas:
Isaías 25, 6-10 / Salmo 22, 1-6 Habitaré por siempre en la Casa del Señor

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   15, 29-37
Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó. Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino.»
Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?»
Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?»
Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados.»
El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos.
Y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Jesús nos transmitió muchas parábolas para ayudarnos a imaginar el Reino que el Padre había
soñado para nosotros: que era pequeño como una semilla, pero crecía potentemente como un árbol; que era un tesoro que cuando se encontraba reemplazaba todo lo demás que se tuviera; que era como un sembrador que esparce la Palabra de Dios y dependiendo de la disposición de quien la recibe es la calidad de lo que germina de ella… en fin, muchas imágenes sencillas y decidoras.
Sin embargo, para mí las imágenes que más me hablan del Reino que se inauguró con su venida y al que todo aquel que se sienta seguidor o amigo suyo debe contribuir a que se desarrolle, las veo en sus acciones llenas de misericordia y solicitud con las necesidades y dolores de los demás, como ocurre en el evangelio de hoy.
Nosotros ante sus motivaciones a ver el padecimiento de los demás no debiésemos resaltar las dificultades que son evidentes para todos: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?»; sino poner lo que esté a nuestro alcance, nuestros “siete panes y dos pescados”, para que él los haga fructificar y realizar lo que su corazón anhela.

Muchos desfallecen en el camino, Señor, debido a que estamos muy ocupados captando dificultades más que poniendo nuestras capacidades en acción ante sus hambres de pan, de justicia, de sanación y de todo lo que haga más plenas sus vidas. Perdón, Señor.

Con un espíritu prevenido para acoger el Reino de Paz, Amor y Alegría que anuncia el Señor,
Miguel.


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