martes, 3 de diciembre de 2013

¿Estás entre los pequeños a los que se les revela el Reino?

3 de diciembre de 2013
Martes de la Primera Semana de Adviento

Lecturas:
Isaías 11, 1-10 / Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17 ¡Que en sus días florezca la justicia!

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   10, 21-24
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos:
«¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!. ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»
Palabra del Señor.

MEDITACION

Lo que estremece de gozo a Jesús es que la Buena Noticia del Reino, que él venía a anunciar y a encarnar, era comprendida, aceptada y acogida no por las grandes personalidades de su tiempo, sino por quienes la necesitaban y que, debido a eso mismo, eran aquellos a quienes se dirigía preferentemente: «los pequeños» del mundo, los desplazados, los ignorados de siempre y desde siempre.
Por cierto, no es que el Padre de todos no quiera hacer llegar su mensaje «a los sabios y a los prudentes», sino que éstos están tan llenos de sí mismos que no les “cabe” Dios…
Entonces, es un día para preguntarse: ¿qué dicen mis actitudes de mí: que soy de los humildes o de los soberbios, es decir que soy cercano o lejano al estilo de Jesús; o, en otras palabras: soy o no cristiano/a?.

Señor, que por ser el Hijo, nos has dado a conocer la maravilla de tener a tu Padre como el nuestro; fortalece nuestro anhelo de recibir con humildad ese regalo y compartirlo con todo aquel que nos rodea. Así sea.

Con un espíritu prevenido para acoger el Reino de Paz, Amor y Alegría que anuncia el Señor,
Miguel.


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