2 de diciembre de 2013
Lunes de la Primera Semana de Adviento
Lecturas:
Isaías 4, 2-6
/ Salmo 121, 1-2. 4-9 Vamos con alegría a la Casa del Señor
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
8, 5-11
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un
centurión, rogándole: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y
sufre terriblemente.» Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo.»
Pero
el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta
que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy
más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis
órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando
digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace.»
Al
oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he
encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos
vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y
Jacob, en el Reino de los Cielos.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
Cuando
Jesús ha dicho que no ha venido a ser servido, sino a servir (Mt 20,28), no era
como nuestras palabras humanas que “se las lleva el viento”, como se dice
popularmente, sino que tienen consistencia en su vida.
Hoy
vemos cómo le cuentan el caso de alguien que está sufriendo e inmediatamente
manifiesta su disposición: «Yo mismo iré a curarlo».
¿Qué
excusa puede usar, después de esto, un seguidor de Jesús para restarse a la
posibilidad de acudir donde se lo requiera?
Que
tengamos una disposición semejante a la tuya, Señor, con respecto a las
necesidades y dificultades de aquellos que nos rodean. Así sea.
Con un espíritu
prevenido para acoger el Reino de Paz, Amor y Alegría que anuncia el Señor,
Miguel.


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