PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
8 de diciembre de 2013
Inmaculada Concepción de la Virgen María
Lecturas:
Génesis 3,
9-15.20 / Salmo 97, 1-4 Canten
al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas / Efesios 1, 3-6. 11-12
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas
1, 26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una
ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un
hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la
virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó,
diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Al oír estas palabras, ella quedó
desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María,
porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás
por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor
Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para
siempre y su reino no tendrá fin.»
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si
yo no tengo relaciones con ningún hombre?»
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo
descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso
el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel
concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se
encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del
Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.»
Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.
MEDITACION
En lenguaje bíblico
se nos dice que Dios «se acordó de su
amor y su fidelidad en favor» de la humanidad (Sal),
cumpliendo aquello de «pondré enemistad
entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo» (1L), para
eso, escoge a una virgen quien dará a luz al que vencerá definitivamente al
mal, Jesús; «en él hemos sido constituidos herederos» (2L) del Reino de
felicidad que preparó para nosotros desde la creación, «porque no hay nada imposible para Dios» (Ev)
Hay
una extensa tradición de devoción a la madre de Jesús. Y hoy se celebra una de sus
fiestas más relevantes en nuestro país; tanto que es la que da el cierre al Mes
de María.
Esta
advocación (o nombre) de Inmaculada Concepción quiere destacar una antigua
creencia popular: quien tuvo en su vientre al Hijo de Dios debía haber sido una
persona siempre pura, por lo tanto ella misma debía haber sido concebida sin la
mancha del pecado original. Posteriormente, el Papa la ratificó y la decretó
dogma de fe.
Lamentablemente
se llega a extremos tristes en ese comprensible cariño a la Virgen. Muchas
veces me ha tocado comprobar que, en el “ranking” de popularidad del
catolicismo –de toda condición social- María le “gana” a Jesús: los encuentros
del Mes dedicado a ella llevan más gente que las eucaristías, por ejemplo.
Cambiarían
las cosas si comprendieran que esa situación debe ser como una espada en el
corazón de «la servidora del Señor»,
porque ella comprende que el sentido de su misión es ser un medio para acercar
a la humanidad al único grande, al «Hijo
del Altísimo»: desde el momento que recibe su misión, que se refleja en el
evangelio de hoy, hasta su llamado a hacer todo lo que nos diga (Jn 2,5).
Y, no olvidemos que en su última aparición en
la Biblia, la vemos no sobre un altar, sino en oración junto a la comunidad de
los discípulos a la espera del Espíritu Santo (Hch 1,14)
Sabiamente
el autor de una de las oraciones que se repite cada día durante el Mes de
María, hace decirle: “La rosa, cuyo brillo agrada a tus ojos, es la caridad, el
amor a Dios y a nuestros hermanos.” Es que un/a auténtico/a cristiano/a devoto/a
de María entiende que más que las flores y honores, ella, como buena madre,
debe amar que encontremos la felicidad al escuchar la Palabra y ponerla en
práctica (cf Lc 11,28). Y lo principal de su Palabra es amar.
María,
compañera de viaje por los caminos de la vida, muéstranos los senderos que
conducen a ser fieles al mensaje de tu hijo y a las inspiraciones del Espíritu
Santo, para que pueda realizarse la voluntad del Padre. Así sea.
Llenos de la
gracia del Reino de la Paz, el Amor y la Alegría que hacemos más cercano cada
día cuando amamos,
Miguel.

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