jueves, 5 de diciembre de 2013

Más que flores y honores, ella quiere que amemos

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
8 de diciembre de 2013
Inmaculada Concepción de la Virgen María

Lecturas:
Génesis 3, 9-15.20 / Salmo 97, 1-4 Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas / Efesios 1, 3-6. 11-12

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   1, 26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.»
Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.

MEDITACION
En lenguaje bíblico se nos dice que Dios «se acordó de su amor y su fidelidad en favor» de la humanidad (Sal), cumpliendo aquello de «pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo» (1L), para eso, escoge a una virgen quien dará a luz al que vencerá definitivamente al mal, Jesús; «en él hemos sido constituidos herederos» (2L) del Reino de felicidad que preparó para nosotros desde la creación, «porque no hay nada imposible para Dios» (Ev)
Hay una extensa tradición de devoción a la madre de Jesús. Y hoy se celebra una de sus fiestas más relevantes en nuestro país; tanto que es la que da el cierre al Mes de María.
Esta advocación (o nombre) de Inmaculada Concepción quiere destacar una antigua creencia popular: quien tuvo en su vientre al Hijo de Dios debía haber sido una persona siempre pura, por lo tanto ella misma debía haber sido concebida sin la mancha del pecado original. Posteriormente, el Papa la ratificó y la decretó dogma de fe.
Lamentablemente se llega a extremos tristes en ese comprensible cariño a la Virgen. Muchas veces me ha tocado comprobar que, en el “ranking” de popularidad del catolicismo –de toda condición social- María le “gana” a Jesús: los encuentros del Mes dedicado a ella llevan más gente que las eucaristías, por ejemplo.
Cambiarían las cosas si comprendieran que esa situación debe ser como una espada en el corazón de «la servidora del Señor», porque ella comprende que el sentido de su misión es ser un medio para acercar a la humanidad al único grande, al «Hijo del Altísimo»: desde el momento que recibe su misión, que se refleja en el evangelio de hoy, hasta su llamado a hacer todo lo que nos diga (Jn 2,5).
Y, no olvidemos que en su última aparición en la Biblia, la vemos no sobre un altar, sino en oración junto a la comunidad de los discípulos a la espera del Espíritu Santo (Hch 1,14)
Sabiamente el autor de una de las oraciones que se repite cada día durante el Mes de María, hace decirle: “La rosa, cuyo brillo agrada a tus ojos, es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos.” Es que un/a auténtico/a cristiano/a devoto/a de María entiende que más que las flores y honores, ella, como buena madre, debe amar que encontremos la felicidad al escuchar la Palabra y ponerla en práctica (cf Lc 11,28). Y lo principal de su Palabra es amar.

María, compañera de viaje por los caminos de la vida, muéstranos los senderos que conducen a ser fieles al mensaje de tu hijo y a las inspiraciones del Espíritu Santo, para que pueda realizarse la voluntad del Padre. Así sea.

Llenos de la gracia del Reino de la Paz, el Amor y la Alegría que hacemos más cercano cada día cuando amamos,

Miguel.

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