6 de diciembre de 2013
Viernes de la Primera Semana de Adviento
Lecturas:
Isaías 29,
17-24 / Salmo 26, 1. 4. 13-14 El
Señor es mi luz y mi salvación
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
9, 27-31
Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos,
gritando: «Ten piedad de nosotros, Hijo de David.»
Al llegar a la casa, los ciegos se le
acercaron, y él les preguntó:
«¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?»
Ellos le respondieron: «Sí, Señor.»
Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Que
suceda como ustedes han creído.»
Y se les abrieron sus ojos.
Entonces Jesús los conminó: «¡Cuidado! Que
nadie lo sepa.»
Pero ellos, apenas salieron, difundieron su
fama por toda aquella región.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Me
gusta imaginar que uno de los ciegos, o ambos, le contaron al evangelista esta
experiencia que él después plasmó por escrito. De hecho nos cuenta que
inmediatamente después de aquello «difundieron su fama por toda aquella
región».
Es
que, ¿cómo alguien puede vivir una experiencia así y guardársela para sí
mismo/a?
Conozco
a muchos (entre ellos, yo mismo) que han vivido situaciones o reconocen que el
lugar donde se encuentran, la familia que tienen y muchas otras cosas son, sin
duda, un regalo de Dios. Pero no se nos nota un agradecimiento entusiasta…
Como
decíamos hace algunos días, más que difundir de palabra lo que el Señor ha
hecho por nosotros, es mejor que eso se refleje en acciones hacia los demás, de
manera que cuando se pregunten por qué haces lo que haces, la respuesta sea:
“es que Dios ha tocado su vida”.
Sería
bello, ¿verdad?
Porque
puedo ver, oír, caminar, abrazar, oler, sonreír, recibir sonrisas, amar y ser
amado. Y por tanto más tan cotidiano que olvido agradecerte, gracias, Señor.
Con un espíritu
prevenido para acoger el Reino de Paz, Amor y Alegría que anuncia el Señor,
Miguel.


No hay comentarios:
Publicar un comentario