jueves, 12 de diciembre de 2013

Transmitimos una imagen de Dios que influye en los demás

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
15 de diciembre de 2013
Tercer Domingo de Adviento

Lecturas:
Isaías 35, 1-6. 10 / Salmo 145, 6-10 Señor, ven a salvarnos / Santiago 5, 7-10

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   11, 2-11
Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»
Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres..¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!»
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo:
«¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.
¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. El es aquel de quien está escrito: "Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino".
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Hoy y siempre, en medio de las dificultades de la vida, se nos exhorta: «¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!» (1L), «tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor» (2L), y, sin importar cuán débiles nos sintamos, porque «El Señor mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos» (Sal). Eso es «lo que ustedes oyen y ven» (Ev), si tienen los ojos y los oídos del corazón atentos y fieles.
En cierta ocasión, me encontraba solo en una pequeña capilla, la que, por cierto, estaba absolutamente silenciosa. De pronto, entró una madre con su pequeña de unos cinco años. La niña, apenas ingresó, espontáneamente, entonó un melodioso villancico con una voz deliciosa. Sorpresivamente para la niña y para mí, la madre, un poco ofuscada, le ordenó silencio.
Probablemente, aquel día la niñita aprendió que, en un lugar como ese, en que ella antes había oído cantar alegremente, no era posible hacerlo espontáneamente. Y eso, también con toda probabilidad, se lo había enseñado previamente a la madre otro adulto con una imagen de Dios tan sagrada que impide que se lo alabe gozosa y voluntariamente.
El iluminador teólogo Leonardo Boff, caracteriza a Jesús como “un hombre de singular fantasía creadora” en todo lo referente a la relación con Dios. De hecho, enseñó a “bajar” tanto la percepción sobre Él, que invitó a llamarlo con el familiarísimo término de Padre…
Hoy, que hay tantas “ofertas” espirituales, muchos quisieran hacer también una pregunta semejante a la de sus contemporáneos: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?».
Y ¿a quién se la harían si no es a nosotros, los cristianos, quienes lo “representamos” ante los ojos de los demás?
La respuesta la encontrarán no necesariamente en los argumentos que demos, sino en los gestos y acciones que vean en nosotros.
Aquella niña, y es posible que su madre también, obtuvieron como enseñanza, de parte de otros creyentes, que es mejor esperar a uno distinto a ese señor represor que parece fomentar la amargura…
Entonces, es posible, por otro lado, que tú, yo y todos quienes caminamos por la vida con una cruz en el pecho, transmitamos –mediante la forma de relacionarnos con los demás y con el mundo que nos rodea-  “el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium N° 128).

Que, habiendo experimentado tu cercanía y tu amor cotidiano, Señor, reflejemos la alegría de vivir y la expresemos en servicio a nuestros hermanos. Así sea.

Reflejando la Paz, el Amor y la Alegría de experimentar la cercanía de Dios,

Miguel.

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