PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
16 de febrero de 2014
Sexto Domingo Durante el Año
Lecturas:
Eclesiástico 15,
15-20 / Salmo 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 Felices los que siguen la ley del Señor / I Corintios 2, 6-10
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
5, 20-22.
27-28. 33-34. 37
Jesús dijo a sus discípulos:
Les
aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y
fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: «No matarás, y el que
mata, debe ser llevado ante el tribunal». Pero Yo les digo que todo aquel que
se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal.
Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero Yo les
digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su
corazón.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: «No jurarás
falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor». Pero Yo les digo que
no juren de ningún modo.
Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y
cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.
Palabra del Señor.
MEDITACION
El consejo para
entrar en el Reino es «Si quieres, puedes
observar los mandamientos» (1L), pero de una forma «superior
a la de los escribas y fariseos» (Ev), que era cumplidora
por obligación, pero sin comprometer el corazón ni la voluntad. De esa manera
descubrirás la alegría de utilizar para lo que fueron hechos los sentimientos
humanos: para unir a los seres humanos. Esto «es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que Él preparó para
nuestra gloria antes que existiera el mundo; aquella que ninguno de los
dominadores de este mundo alcanzó a conocer» (2L), ya
que son «Felices los que cumplen sus
prescripciones» (Sal) y eso lo logran mejor los humildes (cf Mt 5,3).
Vivimos
en sociedad, lo que hace que sea necesario fijar normas comunes para todos. Y
mientras más consensuadas sean estas, más comprometen a todos y más contribuyen
al bienestar general. Por eso era –y sigue siendo- importante el tema de una
nueva Constitución para nuestro país, ya que la que rige actualmente, pese a
las modificaciones que se le han hecho, tiene un origen y disposiciones que
siguen siendo autoritarias.
Y
como –es necesario que lo recordemos-, en su momento, cuando se iba a efectuar
el referéndum para supuestamente refrendarla, los obispos de Chile cuestionaron
su legitimidad, corresponde que, al menos quienes somos católicos, no nos
marginemos de este debate.
Por
otro lado, sé del caso de un catequista que alguna vez dijo que cumplir los
mandamientos era fácil: lo hace cualquier mueble, porque a un objeto inanimado
le es imposible “no matar”, “no cometer adulterio” y “no mentir”, entre otros…
Lo que se espera de un discípulo es más bien que realice, no que se
inmovilice; y que lo que haga sea todo
lo que sea bueno y de la mejor manera posible.
Es
que, como se puede deducir de las enseñanzas de Jesús en este evangelio, la ley
de Dios –que tuvo su formulación en un momento histórico dado-, es una
orientación para la vida, pero se va haciendo concreta en las distintas
circunstancias que nos corresponden. Y mientras más amor le ponemos a lo que
realizamos más seguros podemos estar de que agradamos a Dios.
Pero,
no vayamos a creer que nuestro Dios es un ególatra que se siente bien cuando le
obedecen porque sí o, peor aún, por temor: ese no es el Padre al que nos enseñó
Jesús a amar.
Lo
que sí agrada a Dios es que sus hijos seamos felices. Y Él, mejor que nadie,
sabe que lo que contribuye a nuestra felicidad es que haya un ambiente donde lo
mejor de nuestra humanidad se expresa, y eso es posible en ambientes donde no
se asesina ni se maltrata al otro; donde no se traiciona la relación de pareja;
y donde se respeta la propia palabra, entre otras buenas prácticas.
La
constitución política de un país regula lo que se debe y lo que se prohíbe
hacer en un territorio determinado; los Mandamientos, por su parte, son guías
para caminar hacia la Vida en abundancia.
Infringir
la primera conlleva sanciones, porque daña la vida común; no vivir los
segundos, se autocastiga con la infelicidad, porque afecta la vida que vale la pena llamar así: la
propia y la de quienes nos rodean.
Que
busquemos siempre vivir de acuerdo a tus enseñanzas, Señor, por nuestro propio
bien y el de nuestros hermanos, según tu plan de amor. Así sea.
Intentando vivir
de acuerdo a los Mandamientos de Paz, Amor y Alegría que construyen el Reino,
Miguel.

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