jueves, 6 de febrero de 2014

No es necesario ser cristiano para ser útil a los demás; pero es imprescindible ser útil si se es cristiano

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
9 de febrero de 2014
Quinto Domingo Durante el Año

Lecturas:
Isaías 58, 7-10 / Salmo 111, 4-9 Para los buenos brilla una luz en las tinieblas / I Corintios 2, 1-5

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   5, 13-16
    Jesús dijo a sus discípulos:
    Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
    Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
    Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Pese a que cada uno de nosotros es «débil, temeroso y vacilante» (2L), el Señor no deja de confiar en las capacidades con que nos ha dotado para que brille «ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo» (Ev). Concretamente: «Si compartes tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo; si cubres al que veas desnudo. Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna… tu luz se alzará en las tinieblas» (1L), porque  es «dichoso el que se compadece y da prestado. Él da abundantemente a los pobres» (Sal). ¿Qué más luminoso y con mejor sabor que esto?
Recuerdo discusiones en mi adolescencia acerca de para qué servía ser cristiano, si uno perfectamente podía ser buena persona y preocuparse por los demás, sin adscribir necesariamente a alguna religión.
Era ardua la lucha intelectual y, con la poca sabiduría de la edad, debo reconocer que yo buscaba ganarla más que encontrar la verdad.
Hoy estoy convencido de que la razón la tenían ellos: no es necesario ser cristiano para ser excepcionalmente humano. Pero no es posible (o no es auténtico) ser cristiano y no ser alguien que marque las vidas de otros.
Como hemos recordado en otras ocasiones, ser cristianos significa ser otros cristos; unos que actúan de manera semejante a la forma en que él puso en obra su vida en un tiempo y un territorio determinados. La misión de quien se diga cristiano, por su parte, es actualizar en su circunstancia «los mismos sentimientos de Cristo Jesús» (Flp 2,5), para que el mundo crea en quien lo envió a Él  y que es nuestro Padre.
Para eso Jesús impulsa a darle buen sabor a la tierra y a iluminar al mundo, mediante las buenas obras. Ya que, tal como él no vino para ser servido, sino para servir (Mt 20,28) y enseñarnos a dar la vida de una manera semejante a la suya, hoy nos invita a ser tan útiles como la sal, sin la cual los alimentos no tendrían buen sabor y como la luz, sin la cual nada de lo que existe tendría presencia ante nosotros. Así de necesarios, así de serviciales.
Es inevitable pensar, entonces, teniendo presente la afirmación de Jesús en este evangelio, que tanta gente no sabe o no cree que existe un Dios que es Padre misericordioso, a causa de que no han visto las buenas obras de los que sí creen. En cambio, sí pueden ser convencidos por otras opciones, al ver que en ellas hay gente valiosa y que sabe valorar a los seres humanos.


Que podamos darle sabor y claridad a la vida de nuestros hermanos, como nos lo has dado tú a nosotros, Señor. Así sea.

Buscando ser sal y luz para un mundo que necesita la Paz, el Amor y la Alegría del Señor,

Miguel.

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