PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
9 de febrero de 2014
Quinto Domingo Durante el Año
Lecturas:
Isaías 58,
7-10 / Salmo 111, 4-9 Para los
buenos brilla una luz en las tinieblas / I Corintios 2, 1-5
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
5,
13-16
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con
qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada
por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en
la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un
cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que
están en la casa.
Así
debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de
que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Pese a que cada uno
de nosotros es «débil, temeroso y vacilante» (2L), el Señor no deja de confiar
en las capacidades con que nos ha dotado para que brille «ante los ojos de los
hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y
glorifiquen al Padre que está en el cielo» (Ev). Concretamente: «Si compartes
tu pan con el hambriento y albergas a los pobres sin techo; si cubres al que
veas desnudo. Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la
palabra maligna… tu luz se alzará en las tinieblas» (1L), porque es «dichoso el que se compadece y da prestado.
Él da abundantemente a los pobres» (Sal). ¿Qué más luminoso y con mejor sabor
que esto?
Recuerdo
discusiones en mi adolescencia acerca de para qué servía ser cristiano, si uno
perfectamente podía ser buena persona y preocuparse por los demás, sin
adscribir necesariamente a alguna religión.
Era
ardua la lucha intelectual y, con la poca sabiduría de la edad, debo reconocer
que yo buscaba ganarla más que encontrar la verdad.
Hoy
estoy convencido de que la razón la tenían ellos: no es necesario ser cristiano
para ser excepcionalmente humano. Pero no es posible (o no es auténtico) ser
cristiano y no ser alguien que marque las vidas de otros.
Como
hemos recordado en otras ocasiones, ser cristianos significa ser otros cristos;
unos que actúan de manera semejante a la forma en que él puso en obra su vida
en un tiempo y un territorio determinados. La misión de quien se diga cristiano,
por su parte, es actualizar en su circunstancia «los mismos sentimientos de
Cristo Jesús» (Flp 2,5), para que el mundo crea en quien lo envió a
Él y que es nuestro Padre.
Para
eso Jesús impulsa a darle buen sabor a la tierra y a iluminar al mundo,
mediante las buenas obras. Ya que, tal como él no vino para ser servido, sino
para servir (Mt 20,28) y enseñarnos a dar la vida de una manera
semejante a la suya, hoy nos invita a ser tan útiles como la sal, sin la cual
los alimentos no tendrían buen sabor y como la luz, sin la cual nada de lo que
existe tendría presencia ante nosotros. Así de necesarios, así de serviciales.
Es
inevitable pensar, entonces, teniendo presente la afirmación de Jesús en este
evangelio, que tanta gente no sabe o no cree que existe un Dios que es Padre
misericordioso, a causa de que no han visto las buenas obras de los que sí
creen. En cambio, sí pueden ser convencidos por otras opciones, al ver que en
ellas hay gente valiosa y que sabe valorar a los seres humanos.
Que
podamos darle sabor y claridad a la vida de nuestros hermanos, como nos lo has
dado tú a nosotros, Señor. Así sea.
Buscando ser sal
y luz para un mundo que necesita la Paz, el Amor y la Alegría del Señor,
Miguel.

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