viernes, 7 de febrero de 2014

¿Somos como Herodes?

7 de febrero de 2014
Viernes de la Cuarta Semana Durante el Año

Lecturas:
Eclesiástico 47, 2-11 / Salmo 17, 31. 47. 50-51 Te alabaré entre las naciones y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos   6, 14-29
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos» Otros afirmaban: «Es Elías.» Y otros: «Es un profeta como los antiguos.» Pero Herodes, al oír todo esto, decía: «Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado.»
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.» Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella fue a preguntar a su madre: «¿Qué debo pedirle?» «La cabeza de Juan el Bautista», respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: «Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Palabra del Señor.

MEDITACION

¡Qué repugnante nos suena la personalidad de este rey que, por un lado, respecto a Juan Bautista «sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía», pero a la vez «a causa de su juramento, y por los convidados» lo hace asesinar!
Realmente desagradable.
Pero, en la práctica, ¿es tan diferente nuestra actitud?
Muchos de nosotros también respetamos a Jesús, su palabra, su accionar… pero nos preocupa más el “qué dirán” que ser consecuentes con esa admiración y lo traicionamos, lo despreciamos o lo ignoramos cuando corresponde dar testimonio.

Por no actuar en consecuencia, permanentemente, perdón, Señor.

Anunciando lo que nuestros ojos han visto: la Paz, el Amor y la Alegría que trae la salvación del Señor,
Miguel.


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