miércoles, 12 de febrero de 2014

Ser limpios en lo importante más que en lo accesorio

12 de febrero de 2014
Miércoles de la Quinta Semana Durante el Año

Lecturas:
I Reyes 10, 1-10 / Salmo 36, 5-6. 30-31. 39-40 La boca del justo expresa sabiduría

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos   7, 14-23
Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!»
Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. El les dijo: «¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?» Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.
Luego agregó: «Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Después del desagradable episodio relatado en el evangelio de ayer, cuando Jesús tuvo que enfrentarse con los “dueños de la verdad” religiosa, que habían ido a cuestionarlo y a quienes llegó a llamar “hipócritas”, era necesario –por el bien de su humilde audiencia- aclarar el concepto central de la discusión que habían presenciado: una cosa era la higiene y otra muy distinta la pureza.
Ambas prácticas se unieron como muchas otras en el judaísmo para educar a un pueblo primitivo, que provenía de una cultura nómade desde el desierto, cuando se asentó en el territorio que ocupaban, asimilando el sano ejercicio de lavarse las manos antes de tomar un alimento como una norma dictada por Dios, para que la respetasen.
Lo mismo ocurrió con el día de descanso semanal, o “Día del Señor”, para hacer una pausa a la brutal costumbre de hacerlo sin parar; o la prohibición de comer cerdos –animal que si no se procesa correctamente, aún hoy, es muy peligroso para la salud-.
Y, así, otras normas más que fueron avances sociales en una época que aquel concepto no existía ni se entendería.
Entonces, Jesús aclara: «Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»
Por lo que puedes lavarte siempre las manos, pero es más importante lavarte el alma de lo que es realmente dañino para tu vida, la de tu familia, la de tu comunidad y la del mundo.

Que busquemos ser limpios en lo importante más que en lo accesorio, Señor: en todas las acciones que afectan a los demás. Así sea.

Buscando ser sal y luz para un mundo que necesita la Paz, el Amor y la Alegría del Señor,
Miguel.


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