PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
20 de abril de 2014
Domingo de Pascua de Resurrección
Lecturas:
Hechos 10, 34.37-43
/ Salmo 117, 1-2. 16-17.
22-23 Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos
y regocijémonos en él / Colosenses 3, 1-4
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 1-9
El primer día de la semana, de madrugada,
cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la
piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro
discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor
y no sabemos dónde lo han puesto.»
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron
al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más
rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en
el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en
el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había
cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar
aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él
también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él
debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Jesús
«pasó haciendo el bien y curando a todos
los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él» (1L). Por eso, y como «la
mano del Señor hace proezas» (Sal),
cuando las autoridades le hicieron pagar la osadía de acercar la ternura de Dios
a los humildes, ajusticiándolo, Él no lo podía dejarlo solo, y «debía resucitar de entre los muertos» (Ev) para llegar a estar «sentado
a la derecha de Dios» (2L).
Alguna vez la fe en Jesús transformó el
mundo. Hoy, pese a que nominalmente hay más personas que la profesan, casi pasa
sin pena ni gloria.
Al principio, la Buena Noticia se entendía,
en palabras de María, su madre, como que Dios es quien «derribó a los poderosos
de su trono y elevó a los humildes» (Lc 1,52).
Claro, hoy nos acostumbramos y hasta
aplaudimos que haya “poderosos sobre los tronos” y, en cuanto a los humildes,
nos acomoda que existan, ya que podemos hacer “buenas obras” con ellos, en vez
de hacer aportes efectivos para elevarlos a una vida más digna…
Para justificar el mundo como está, la fe en
el Resucitado que ha venido para que tengamos vida en abundancia (Jn 10,10) en
una tierra nueva donde habite la justicia (cf 2 Pe 3,13), realmente sobra; ya
hay bastantes que lo hacen.
A veces pareciera que, al menos en nuestra
vida –en nuestra “fe”- el sepulcro no está vacío: sigue habiendo un muerto ahí.
Y, por eso, nuestra forma de “creer” es más cercana al luto que al gozo de los
que creen realmente que Jesús resucitó y sigue vivo.
Muchas otras veces, también, parece que
nuestras creencias siguen, como el sepulcro, con la piedra sellándolo. Esto
porque no salen a la luz gestos ni acciones que demuestren qué ocurre en la
vida de un creyente que lo diferencien de quien no tiene fe.
Todo sería diferente –y mucho más parecido a
ese tiempo que revolucionó la Historia- si el mundo ve personas que con alegría
auxilian a los demás, empezando por los más desprotegidos, porque así entendería
que algo nuevo sucede; muchos preguntarían y, cuando los cristianos dieran
razón de la esperanza que tienen (cf 1 Pe 3,15),
ayudarían a creer que existe un Dios que se pone de parte del débil, porque de
esa manera se manifiesta el Resucitado en sus seguidores.
Que
podamos mostrar en nuestra vida signos de que hemos comprendido que has
resucitado y sigues vivo entre nosotros, Señor. Así sea.
Llenos de la Paz,
el Amor y la Alegría que otorga el Tiempo de Resurrección,
Miguel.

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