miércoles, 30 de abril de 2014

¿Cómo recuperar la esperanza?

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
4 de mayo de 2014
3er Domingo de Pascua

Lecturas:
Hechos 2, 14. 22-33 / Salmo 15, 1-2. 5. 7-11 Señor, me harás conocer el camino de la vida / Pedro 1, 17-21

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas   24, 13-35
El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?»
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»
«¿Qué cosa?», les preguntó.
Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»
El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!»
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Estos días celebramos que en Jesús se cumplió la Palabra: «Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha» (Sal), de lo que, por la fe, «todos nosotros somos testigos» (1L), porque comprendimos que «era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria» (Ev), y ahora, como dice Pablo: «Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios» (2L).
Chile en 1995 tenía un 74% de personas que se declaraban católicas, mientras que en 2013 el porcentaje bajó a 57%. Además, en el mismo periodo aumentó de un 8% a un 25% la cantidad de personas que se definen como sin religión. Otro dato significativo de este estudio (Las religiones en tiempos del Papa Francisco. Latinobarómetro 16/04/2014) dice que de todos los países estudiados, el nuestro, con un 44% es el que menos confía en la Iglesia Católica.
Son tiempos de decepción con la religión.
La razón principal, en lo que respecta a la disminución del catolicismo, acá al menos, parece clara: los abusos sexuales de sacerdotes y la mala gestión de sus superiores cuando estos hechos salieron a la luz y hasta el presente.
Por otro lado, dicen los estudiosos, la secularización (pérdida de sentido religioso en la sociedad) tiene que ver con el acceso a mejores condiciones económicas al que se accede masivamente, lo que históricamente lleva a culturas con mentalidad autosuficiente, donde Dios “sobra”, ya que se siente que todo se puede conseguir con el propio esfuerzo.
Además de todo eso, y para qué estamos con cosas, todos sabemos que el porcentaje antes indicado no significa que hay un 57% de chilenos solidarios que sirven alegremente a su prójimo y, por lo tanto, iluminan y contagian al resto de la sociedad, sino que es una porción de la población que sólo se identifica culturalmente o por tradición familiar con una Iglesia que fue hegemónica en su tiempo.
Algo así vivieron los peregrinos de Emaús,  que regresaban con la frustración a rastras al mismo lugar donde alguna vez se encendió su esperanza y ésta, que es lo último que se pierde, dolorosamente se ahogó. No quedaba mucho más después de eso.
¿Cómo resucitar su esperanza?
El mismo Jesús les muestra que eso que parecía definitivo: su muerte, era sólo una parte de un plan mayor, que quería demostrar a la humanidad que Dios no ama a medias, por lo que la ama sin reservas (cf Jn 3,16), expresando esto por medio de una vida, la suya, que buscó iluminar otras vidas, sirviendo, auxiliando, sanando, amando, acogiendo, teniendo como consecuencia la ejecución por parte de quienes sienten amenazados sus privilegios en un estado donde no se compite despiadadamente ni hay “inferiores” a quienes dominar, pero esto se completaba con la Resurrección del justo (1L) y de todos los que realicen en su vida algo semejante.

Es para volver corriendo donde los hermanos a contar esta Buena Noticia.
¿Cómo resucitar ahora la esperanza en nuestro mundo?
No tengo la respuesta, por cierto. De hecho lo más probable es que no exista una respuesta simple. Sin embargo, por un mínimo de coherencia, quienes sí creemos debiésemos estar siempre preparados para que se nos «pida razón de la esperanza que ustedes tienen» (1 Pe 3,15), sirviendo, auxiliando, sanando, amando, acogiendo lo más posible y a los más posibles, para que se vea al Resucitado actuando en nosotros.
Puede que no logremos cambiar el mundo, pero, como ha dicho quien ha protagonizado una primavera de esperanza para muchos en nuestro tiempo, el Papa Francisco: “si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida” (Evangelii Gaudium 274).

Quédate con nosotros, Señor, y sigue iluminando la esperanza de muchos utilizando nuestras palabras y nuestros actos, dándoles la fuerza que sólo tu Espíritu es capaz. Así sea.

Ayudando a reconstruir la esperanza en Ti, que otorgue Paz, Amor y Alegría a nuestro mundo,
Miguel.

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