miércoles, 30 de abril de 2014

Un criterio para discernir de qué lado está Dios

30 de abril de 2014
Miércoles de la Segunda Semana de Pascua

Lecturas:
Hechos 5, 17-26 / Salmo 33, 2-9 El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   3, 16-21
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Jesús es la luz del mundo (Jn 8,12), pero «la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas».
Entonces, como las “obras” de quienes tenían influencia y poder eran malas, tal como quedó en evidencia ante la iluminación de lo que enseñó y vivió el Maestro en su tiempo –ya que explotaban al pobre, marginaban al ignorante, e invisibilizaban a las mujeres y los niños- prefirieron seguir en las tinieblas y eliminar la luz.
Esa es la causa última de la muerte del «Hijo único de Dios».
Y la causa principal de su Resurrección fue que todos supiesen sin duda alguna que, ante estas situaciones, su Padre se ponía del lado de los pequeños, por eso, «que lo oigan los humildes y se alegren» (Sal).
Así que, si te toca tomar partido entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia, la liberación y la opresión, recuerda de qué lado estarás acompañado por Dios.

Tanto nos has amado, Padre bueno, que no escatimas nada de lo tuyo para que seamos una humanidad feliz, donde todos vivamos plenamente. Ayúdanos a no echarnos atrás cuando nos corresponda hacer nuestro aporte. Así sea.

Reconociendo con fe al Señor de la Paz, el Amor y la Alegría en sus múltiples signos,
Miguel.


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