PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
27 de abril de 2014
2º Domingo de Pascua
Lecturas:
Hechos 2, 42-47 / Salmo 117, 2-4. 13-15. 22-24
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque
es eterno su amor! / Pedro 1, 3-9
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-31
Al atardecer de ese mismo día, el primero de
la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los
discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos,
les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y
su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con
ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al
decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los
pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a
los que ustedes se los retengan.»
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el
Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le
dijeron: «¡Hemos visto al Señor!»
El les respondió: «Si no veo la marca de los
clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en
su costado, no lo creeré.»
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los
discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció
Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La
paz esté con ustedes!»
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí
están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas
incrédulo, sino hombre de fe.»
Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has
visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»
Jesús realizó además muchos otros signos en
presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo
de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
MEDITACION
«Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo […] nos hizo
renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva» (2L),
sólo porque «es eterno su amor» (Sal). Esa esperanza se alimenta en la comunidad, no en la
soledad, como le ocurrió a Tomás (Ev)
y luego se manifiesta en fraternidad: «todos
los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus
propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las
necesidades de cada uno […] comían juntos con alegría y sencillez de corazón»
(1L).
Espero que no sea tu caso ahora, pero es muy
llamativo que todavía exista gente que se escandaliza cuando se les dice que
Adán y Eva no existieron, por ejemplo, entre muchas otras historias de la
Biblia que no son Historia efectivamente…
El escándalo real de esta situación, me
parece, es que aún hoy, haya quienes pretendan que lo que se escribió y
describió según el entender de hace 30 siglos (sin los conocimientos ni los
avances científicos de que gozamos en la actualidad) sea creído al pie de la
letra.
¡En pleno siglo XXI y a gente adulta!
De esa manera se consigue llenar las
religiones de gente con tendencia a la fantasía, infantil o fanática. Nada
bueno, desde la perspectiva de la dignidad humana tan querida por el Padre y su
Hijo, nuestro Maestro.
Me gusta mucho una aguda frase del escritor
inglés G.K. Chesterton al respecto: “Cuando entro en una Iglesia me quito el
sombrero, no la cabeza”. Es que Dios nos hizo con cerebro para que lo usáramos,
y no suspender sus capacidades en algunos momentos, para aceptar lo que otros
–aunque sea con buenas intenciones- digan que es lo correcto considerar como
cierto.
El
Papa Juan Pablo II –Santo a contar de este Domingo, Dios mediante-, usó esta
bella imagen en su momento: “La fe y la razón son como las dos alas con las
cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad” (Encíclica
“Fides et ratio”, Septiembre 1998). Es decir, ambas no son enemigas, sino que
deben colaborar en la búsqueda de lo cierto. O, en otras palabras, a mi
entender: cuando la fe y la razón son contradictorias, no es la razón la que
debe cambiar de argumentos… Porque la fe es sólo una, pero la forma de
entenderla debe adecuarse a los tiempos que se viven.
Por último, el gran san Agustín aporta: "Creer es aceptar, pero hay que seguir pensando"...
Por último, el gran san Agustín aporta: "Creer es aceptar, pero hay que seguir pensando"...
Meditaba
en todo esto, gracias a la actitud de Tomás en el evangelio de este día: los
otros diez apóstoles bien podrían estar bajo una especie de sicosis colectiva,
causada por las inmensas ganas de volver a ver al Nazareno, por lo que él, para
convencerse de algo tan descabellado como el hecho de que haya vuelto de la
muerte, necesitaba pruebas físicas.
Sin
embargo, como hizo con los apóstoles, con el Mellizo y con tantos más a través
de la historia, el Señor «realizó […]
muchos otros signos […] para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo
de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre».
El
tema es qué signos consideramos aceptables para nuestra racionalidad, nos
convencen y nos cambian la vida.
Que
podamos reconocerte como Señor y Dios nuestro, porque nos otorgas la paz de
reconciliar nuestra capacidad de conocimiento con el hambre de eternidad que
sólo la fe puede saciar. Así sea.
Reconociendo con
fe al Señor de la Paz, el Amor y la Alegría en sus múltiples signos,
Miguel.


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