jueves, 24 de abril de 2014

Hacia una fe racional

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
27 de abril de 2014
2º Domingo de Pascua

Lecturas:
Hechos 2, 42-47 / Salmo 117, 2-4. 13-15. 22-24 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! / Pedro 1, 3-9

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   20, 19-31
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!»
El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.»
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.»
Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.

MEDITACION
«Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo […] nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva» (2L), sólo porque «es eterno su amor» (Sal). Esa esperanza se alimenta en la comunidad, no en la soledad, como le ocurrió a Tomás (Ev) y luego se manifiesta en fraternidad: «todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno […] comían juntos con alegría y sencillez de corazón» (1L).
Espero que no sea tu caso ahora, pero es muy llamativo que todavía exista gente que se escandaliza cuando se les dice que Adán y Eva no existieron, por ejemplo, entre muchas otras historias de la Biblia que no son Historia efectivamente…
El escándalo real de esta situación, me parece, es que aún hoy, haya quienes pretendan que lo que se escribió y describió según el entender de hace 30 siglos (sin los conocimientos ni los avances científicos de que gozamos en la actualidad) sea creído al pie de la letra.
¡En pleno siglo XXI y a gente adulta!
De esa manera se consigue llenar las religiones de gente con tendencia a la fantasía, infantil o fanática. Nada bueno, desde la perspectiva de la dignidad humana tan querida por el Padre y su Hijo, nuestro Maestro.
Me gusta mucho una aguda frase del escritor inglés G.K. Chesterton al respecto: “Cuando entro en una Iglesia me quito el sombrero, no la cabeza”. Es que Dios nos hizo con cerebro para que lo usáramos, y no suspender sus capacidades en algunos momentos, para aceptar lo que otros –aunque sea con buenas intenciones- digan que es lo correcto considerar como cierto. 
El Papa Juan Pablo II –Santo a contar de este Domingo, Dios mediante-, usó esta bella imagen en su momento: “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad” (Encíclica “Fides et ratio”, Septiembre 1998). Es decir, ambas no son enemigas, sino que deben colaborar en la búsqueda de lo cierto. O, en otras palabras, a mi entender: cuando la fe y la razón son contradictorias, no es la razón la que debe cambiar de argumentos… Porque la fe es sólo una, pero la forma de entenderla debe adecuarse a los tiempos que se viven.
Por último, el gran san Agustín aporta: "Creer es aceptar, pero hay que seguir pensando"...
Meditaba en todo esto, gracias a la actitud de Tomás en el evangelio de este día: los otros diez apóstoles bien podrían estar bajo una especie de sicosis colectiva, causada por las inmensas ganas de volver a ver al Nazareno, por lo que él, para convencerse de algo tan descabellado como el hecho de que haya vuelto de la muerte, necesitaba pruebas físicas.
¿Acaso alguno de nosotros hubiese tenido una actitud diferente?
Sin embargo, como hizo con los apóstoles, con el Mellizo y con tantos más a través de la historia, el Señor «realizó […] muchos otros signos […] para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre».
El tema es qué signos consideramos aceptables para nuestra racionalidad, nos convencen y nos cambian la vida.

Que podamos reconocerte como Señor y Dios nuestro, porque nos otorgas la paz de reconciliar nuestra capacidad de conocimiento con el hambre de eternidad que sólo la fe puede saciar. Así sea.

Reconociendo con fe al Señor de la Paz, el Amor y la Alegría en sus múltiples signos,

Miguel.

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