lunes, 14 de abril de 2014

Que no venza la prepotencia

14 de abril de 2014
Lunes Santo

Lecturas:
Isaías 42, 1-7 / Salmo 26, 1-3.13-14 El Señor es mi luz y mi salvación

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   12, 1-11
Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.»
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.
Palabra del Señor.

MEDITACION
Caminando hacia el final de la vida de Jesús, el evangelio nos va recordando motivos por los que sucederá esto.

En este caso, son las autoridades religiosas las señaladas porque sienten que pierden influencia entre la gente: «muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús».
A tanto llegará su odio que hasta a Lázaro, signo visible del bien que el Maestro hacía, es condenado secretamente a muerte.
Así actúan los que mal usan un cargo de responsabilidad: pensando en mantener sus privilegios, en vez de usarlo para servir, como enseñaba el Galileo.
Ambos estilos están destinados a colisionar, sacando la peor parte, habitualmente el humilde.

Que estemos del lado de los sencillos, los menores, para que nunca sea posible que venza la prepotencia, Señor. Así sea.

Viviendo con Paz, Amor y Alegría la Semana de Salvación,

Miguel.

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