PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
1 de junio de 2014
La Ascensión del Señor
Lecturas:
Hechos 1, 1-11 / Salmo 46, 2-3. 6-9 El Señor asciende entre aclamaciones / Efesios 1, 17-23
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 28, 16-20
Después de la Resurrección del Señor, los
once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al
verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido
todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos
sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo
estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
Al
momento de su despedida, Jesús, urge a sus seguidores: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos» (Ev). Y, «para que
ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados» (2L) –nos recuerda la Escritura- quien les hace el envío es
aquel a quien la Resurrección acreditó como «el
Rey de toda la tierra» (Sal). Es decir, ser discípulos suyos es
recorrer el camino a la vida plena o eterna. No hay tiempo que perder, por eso
sus ángeles cuestionan: «¿por qué siguen
mirando al cielo?» (1L), es en la tierra y ahora que debe
llevarse a cabo esta tarea.
Me ha correspondido participar de muchos
proyectos colectivos, distintos grupos con distintos objetivos. Y he observado
reiteradamente que por una dinámica más o menos natural, éstos suelen apoyarse
demasiado en una sola persona o un pequeño colectivo de ellas, que es o son los
que idearon o dieron origen a la iniciativa.
Pero cuando aquellos gestores, por razones
biológicas o de otro tipo, desaparecen, lamentablemente, la organización de la
que se trate, suele llegar a su fin.
Jesús no quiere eso para la labor a la que
dedicó su vida: la construcción del Reino de Dios.
Para eso, se había ocupado de crear un grupo,
los llamados apóstoles (o enviados), a quienes
dedicó preferentemente sus
enseñanzas, las que iban más allá de palabras, porque, además, conviviendo con
él, comprobarían que éstas resaltaban luminosamente en su actitud hacia los
demás, haciendo parte de ese aprendizaje el ejemplo concreto de servicio a los
demás.
La idea es que esos doce replicarán lo
recibido y, así, se fuese multiplicando la buena noticia del amor que se hace
concreto en cercanía y disposición hacia las necesidades de los otros.
De esa manera, el Hijo de Dios, quien fue
enviado a su vez por el amor del Padre (Jn 3,16),
para servir a la humanidad (cf Lc 22,27),
mostrando el camino hacia la vida en abundancia (cf Jn
10,10) que es lo que soñó para nosotros cuando nos
creó, iba a seguir cumpliendo esa tarea, por medio de sus
seguidores, quienes se fueron transmitiendo «todo
lo que yo les he mandado», hasta ti, hasta mí y hasta que el ser humano
continúe recorriendo los senderos de la Tierra, y así
seguiría estando en medio de nosotros «hasta el fin del mundo».
Que nunca olvidemos que hemos sido enviados
por ti, Señor, a mostrar al mundo el proyecto de amor del Padre, con la fuerza
de tu Santo Espíritu. Así sea.
Intentando llevar la Buena Noticia a todo lugar y siempre, con entusiasmo, Paz,
Amor y Alegría,
Miguel.


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