jueves, 29 de mayo de 2014

Somos llamados a transmitir un modo de vida

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
1 de junio de 2014
La Ascensión del Señor

Lecturas:
Hechos 1, 1-11 / Salmo 46, 2-3. 6-9 El Señor asciende entre aclamaciones / Efesios 1, 17-23

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   28, 16-20
Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Al momento de su despedida, Jesús, urge a sus seguidores: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos» (Ev). Y, «para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados» (2L) –nos recuerda la Escritura- quien les hace el envío es aquel a quien la Resurrección acreditó como «el Rey de toda la tierra» (Sal). Es decir, ser discípulos suyos es recorrer el camino a la vida plena o eterna. No hay tiempo que perder, por eso sus ángeles cuestionan: «¿por qué siguen mirando al cielo?» (1L), es en la tierra y ahora que debe llevarse a cabo esta tarea.
Me ha correspondido participar de muchos proyectos colectivos, distintos grupos con distintos objetivos. Y he observado reiteradamente que por una dinámica más o menos natural, éstos suelen apoyarse demasiado en una sola persona o un pequeño colectivo de ellas, que es o son los que idearon o dieron origen a la iniciativa.
Pero cuando aquellos gestores, por razones biológicas o de otro tipo, desaparecen, lamentablemente, la organización de la que se trate, suele llegar a su fin.
Jesús no quiere eso para la labor a la que dedicó su vida: la construcción del Reino de Dios.
Para eso, se había ocupado de crear un grupo, los llamados apóstoles (o enviados), a quienes
dedicó preferentemente sus enseñanzas, las que iban más allá de palabras, porque, además, conviviendo con él, comprobarían que éstas resaltaban luminosamente en su actitud hacia los demás, haciendo parte de ese aprendizaje el ejemplo concreto de servicio a los demás.
La idea es que esos doce replicarán lo recibido y, así, se fuese multiplicando la buena noticia del amor que se hace concreto en cercanía y disposición hacia las necesidades de los otros.
De esa manera, el Hijo de Dios, quien fue enviado a su vez por el amor del Padre (Jn 3,16), para servir a la humanidad (cf Lc 22,27), mostrando el camino hacia la vida en abundancia (cf Jn 10,10) que es lo que soñó para nosotros cuando nos creó, iba a seguir cumpliendo esa tarea, por medio de sus seguidores, quienes se fueron transmitiendo «todo lo que yo les he mandado», hasta ti, hasta mí y hasta que el ser humano continúe recorriendo los senderos de la Tierra, y así seguiría estando en medio de nosotros «hasta el fin del mundo».

Que nunca olvidemos que hemos sido enviados por ti, Señor, a mostrar al mundo el proyecto de amor del Padre, con la fuerza de tu Santo Espíritu. Así sea.

Intentando llevar la Buena Noticia a todo lugar y siempre, con entusiasmo, Paz, Amor y Alegría,
Miguel.

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