viernes, 13 de junio de 2014

Casi todos somos potencialmente “adúlteros en el corazón”

13 de junio de 2014
Viernes de la Décima Semana Durante el Año

Lecturas:
I Reyes 19, 8-9. 11-16 / Salmo 26, 7-9. 13-14 Yo busco tu rostro, Señor

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   5, 27-32
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.
Palabra del Señor.

MEDITACION
La enseñanza del Maestro este día es un ejemplo clásico para ejemplificar el concepto de pecado y cómo vivir esa situación.
¿Qué persona adulta y físicamente sana podría asegurar que nunca ha mirado o jamás mirará “con deseo” a otra persona, tenga un compromiso previo o no?
Es decir, casi todos somos potencialmente “adúlteros en el corazón”.
Sucede que a veces olvidamos que todos, sin excepción, somos pecadores (cf 1Jn 1,8-10), lo que es lo mismo que decir: somos poco fieles a la voluntad del Señor, realizando acciones u omitiéndonos de actuar de manera que provocamos daño a otros. En este caso, a nuestra pareja, por ejemplo.
Las consecuencias de esta contundente constatación llevan a muchos a sentirse miserables e indeseables para el Santo de los Santos o, simplemente, desentenderse de ese Dios que parece “no comprender” la naturaleza humana…
Pero, si tenemos en cuenta que éste nos ama tanto que llegó al extremo de entregar a su Hijo y enviarlo no «para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3,16-17), debiésemos considerar que si Jesús hace ver nuestras debilidades es para que podamos mejorar nuestra vida.
Y eso es posible cuando somos fieles a nuestra conciencia, que es “es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo” (Gaudium et Spes Nº 16).

Que nuestro ojo no se pierda, Señor, y pueda ver claramente tu voluntad de amor por los demás; que nuestra mano tampoco se pierda y se dedique a ser generosa, como esperas tú de nosotros. Así sea.

Recibiendo el Espíritu de la Paz, el Amor y la Alegría, para manifestarlo en bien común,
Miguel.


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