PREPAREMOS
EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
15 de junio de 2014
La Santísima Trinidad
Lecturas:
Éxodo 34, 4-6. 8-9
/ Salmo Dn 3, 52-56 A ti, eternamente, gloria y honor / II Corintios 13, 11-13
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 16-18
Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que
entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que
tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino
para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no
cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de
Dios.
Palabra del Señor.
MEDITACION
El
Dios Padre, a quien con justicia se le puede cantar: «Bendito seas en el trono de tu reino, aclamado por encima de todo y
exaltado eternamente» (Sal), envió a su Hijo a hacerse uno de
nosotros no «para juzgar al mundo, sino
para que el mundo se salve por él» (Ev),
porque «es un Dios compasivo y bondadoso»
(1L), y nos invita, con la fuerza del
Espíritu Santo que habita en nosotros, a corregir el mal que quiere predominar
en nuestro mundo, siguiendo sus enseñanzas: «Alégrense,
trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y
en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes» (2L).
Hace unos días estuve en una celebración
litúrgica mayoritariamente con niños y casualmente escuché a uno que le decía a
otro que si la hostia se le pegaba en el paladar era señal de que había
mentido.
Eso me hizo pensar en tantas cosas que se
dicen, y se van transmitiendo por generaciones, entre supersticiosas y
humorísticas, las que dejan en evidencia lo que realmente se piensa, más que lo
que se dice creer.
Y recordé otra que es bastante masiva en su
uso: aquella que dice que cuando una persona que no asiste habitualmente al
templo, al momento en que acude a él “los santos escaparán” o “se caerán de los
altares”. Que es como decir que esos “pecadores” provocan disturbio en el lugar
santo.
Nada que ver.
Quien cree eso, no tiene su fe puesta en el
mismo Dios que Jesús.
Él nos enseñó que es tan bueno que lo podemos
llamar Padre. Y, como tenía una percepción absolutamente contraria a la que
comentamos, su disposición, cuando recorrió nuestra tierra, fue de completa
cercanía a todas las personas, sin distinción… o mejor dicho, con una sola
distinción: mientras más humilde y marginada era la persona, más cerca de su
corazón llegaba, tanto que pronunció frases que causaban escándalo como: «Les aseguro
que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios»
(Mt
21,31), tomando en cuenta que el “ustedes” al que
se refería eran, ni más ni menos, las principales autoridades políticas y
religiosas de su pueblo…
Jesucristo, Hijo único de Dios, nos da lo
mejor de sí: su ejemplo de vida de servicio, para que, creyéndole, nos guíe por
caminos de vida eterna; el Espíritu Santo nos da lo mejor que tiene: el don de
la sabiduría, que nos ayuda a aplicar en nuestro presente esos caminos,
respetando y defendiendo la dignidad de toda persona, ya que ninguno es menos
que otro (pero tampoco superior a los demás), porque somos todos hijos; y el
Padre Dios demuestra que nos ama tanto que nos da lo mejor que hay en él: su
propio Hijo.
Dios Padre Creador, Dios Hijo Servidor, Dios
Espíritu Santificador, que dirijamos nuestra vida a darte, en el amor al
hermano, «eternamente, gloria y honor»
(Sal), por los siglos de los siglos, amén.
Alabando con la
vida al Dios Uno y Trino, fuente de Paz, Amor y Alegría,
Miguel.


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