10 de junio de 2014
Martes de la Décima Semana Durante el Año
Lecturas:
Reyes 17, 7-16 / Salmo 4, 2-8 Muéstranos, Señor, la luz de tu rostro
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la
sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada,
sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede
ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una
lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero
para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres
la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y
glorifiquen al Padre que está en el cielo.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Continuando el Sermón de la Montaña comenzado
ayer, Jesús como que sigue la lógica: quienes son o quieren ser sus discípulos
y se han confiado al Espíritu Santo para aprender la alegría de vivir, aún en
la dificultad y aún superando el dolor.
Personas así necesita un mundo como el
nuestro, donde todos se miran con temor, desconfianza y hasta con rencor.
Aquellos que tienen la esperanza como escudo
ante las contrariedades que son propias del vivir en sociedad le dan buen sabor
a la tierra; aquellos que enfrentan el duro día a día con una sonrisa en el
rostro, iluminan el mundo.
Gente así, naturalmente actuará bien con los
demás, hará buenas obras y los demás darán gloria al Padre por tener la
posibilidad de haberlos conocido y poder mejorar sus propias vidas a su
contacto.
Danos el sabor y la luminosidad que necesitan
quienes nos rodean, Señor. Y concédenos ser constantes para manifestarlo en obras
buenas para bien de nuestros hermanos de humanidad. Así sea.
Recibiendo el
Espíritu de la Paz, el Amor y la Alegría, para manifestarlo en bien común,
Miguel.

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