3 de junio de 2014
Martes de la Séptima Semana de Pascua
Lecturas:
Hechos 20, 17-27 / Salmo 67, 10-11. 20-21 ¡Cantad al Señor, reinos de la tierra!
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 1-11
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
«Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu
Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos
los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu
Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a
cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la
gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del
mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu
palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les
comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que
yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo,
sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo
es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos
están en él; y yo vuelvo a ti.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
Siempre es «la hora» de glorificar a Dios. Pero se lo glorifica bastante menos
con liturgias y ritos, sino, más bien, a la manera de Jesús: orientando la
propia vida a hacer de sus hijos, nuestros hermanos de humanidad, el objeto de
nuestra dedicación solidaria y nuestros cuidados afectuosos.
Esa es la forma de hacer que la vida sea
fecunda o, en otras palabras: «Esta es la Vida eterna: que te
conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo». Conocer,
en el sentido de realizar esa que es su voluntad de amor.
Y, como dice Jesús: «Ya
no estoy más en el mundo, pero ellos están en él», porque nosotros somos los que han
sido invitados a continuar su tarea de manifestarle al mundo que Dios le ama.
Glorifiquemos ese amor infinito haciendo
nuestro pequeño aporte para que, sumado al de otros, se transforme en una
corriente de vida buena para el mundo.
Gloria a ti, Padre creador de todo lo bueno;
Gloria a ti, Jesús, fuente de vida eterna; Gloria a ti, Espíritu Santo,
motivador y sustento de nuestras ganas de ser fieles al Reino de Dios.
Intentando
llevar la Buena Noticia a todo lugar y siempre, con entusiasmo, Paz, Amor y
Alegría
Miguel.


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