18 de julio de 2014
Viernes de la Décimo Quinta Semana
Durante el Año
Lecturas:
Isaías 38, 1-6.22.7-8.21
/ Salmo Is 38, 10-12.16
Señor, tú has preservado mi vida
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 12, 1-8
Jesús atravesaba unos sembrados y era
un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a
comer las espigas.
Al ver esto, los fariseos le dijeron:
«Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado.»
Pero él les respondió: «¿No han leído
lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la
Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido
comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?
¿Y no han leído también en la Ley, que
los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en
falta?
Ahora bien, yo les digo que aquí hay
alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa: Yo
quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el
Hijo del hombre es dueño del sábado.»
Palabra del Señor.
MEDITACION
El sábado era en aquel entonces el día
del Señor.
En la mentalidad de las autoridades de
su época era un día para no hacer nada.
En la mentalidad de Jesús eso
significaba, más bien, el día de hacer lo que nos haga felices.
Son dos estilos de entender cómo se
honra a Dios: o andando en puntillas para no enojar a ese caballero mal genio
que vive en el “segundo piso”; o disfrutando y ayudando a disfrutar ese inmenso
regalo que nos hace el Padre, que es la vida.
Aún quedan “fariseos” hoy en día que
creen más en la primera opción.
Yo me quedo con la del «Hijo del hombre»,
que es el Hijo de Dios.
Que hagamos lo que esté a nuestro
alcance para que todos nuestros días sean tu día, Señor: días de dignidad, de
justicia, de alegría y de paz para todos. Así sea.
Intentando dar
frutos de Paz, Amor y Alegría según las semillas que Dios ha puesto en
nosotros,
Miguel.


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