jueves, 17 de julio de 2014

Conocer mejor a los demás antes de calificarlos

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
20 de julio de 2014
Décimo Sexto Domingo Durante el Año

Lecturas:
Sabiduría 12, 13. 16-19 / Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16 Tú, Señor, eres bueno e indulgente / Romanos 8, 26-27

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   13, 24-30
    Jesús propuso a la gente otra parábola:
    «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?"
    Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo."
    Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
    "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero"».
Palabra del Señor.

MEDITACION
Cuando vemos actuar el mal a nuestro alrededor le preguntamos a Dios: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo?» (Ev), entonces, «El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad» (2L), y nos permite creer con alegría y esperanza que «Fuera de ti, Señor, no hay otro Dios que cuide de todos» (1L), porque eres «Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarte, rico en amor y fidelidad» (Sal), lo que nos llena de ganas de ser y ayudar a cada vez más personas a ser trigo y buscar que la cizaña en nosotros y entre nosotros, se vaya extinguiendo.
Participé intensamente algunos años en una organización de formación juvenil, a la cual le debo bastantes aspectos de lo que he aprendido y lo que aún hoy hago.
Me alejé cuando sentí haber cumplido un ciclo, al ver que lo que antes me motivaba ya me cansaba, aunque sin tener claro por qué ocurría eso.
No lo entendí en su momento; tuvo que pasar mucho tiempo hasta darme cuenta que algo que me desagradaba mucho era una especie de ideología del “buenismo” que se expresaba en que lo perfecto y los perfectos sólo se encontraban en aquel lugar, mientras que el mal permanentemente amenazaba fuera de sus muros, lo que, obviamente, no era cierto: había muchas personas buenísimas a las que aún recuerdo con cariño, pero junto a ellos había otras que no calzaban con los moldes establecidos y, por ello, eran consideradas menos buenas…; por otro lado, fuera de sus márgenes físicos, sus actividades y principios, como debe ser, había muchísimas excelentes personas en grandes causas y con vidas ejemplares. Además, mis conceptos sobre en cuál grupo clasificaba a unos y otros, como también debe ser evidente, no coincidía necesariamente con el de otros.
En fin, la vida misma. Hecho que he constatado innumerables veces después en distintos grupos (sociales, laborales y de todo tipo) que me ha tocado integrar.
Es que es una característica muy humana, al parecer, clasificar a las personas. Y la más básica es entre “buenos” y “malos”, donde, por cierto, los primeros somos nosotros y los otros un “ellos” que es proporcionalmente más amplio en la medida que menos se conozca a los demás.
Porque he descubierto –y muchos grandes pensadores antes que yo; no pretendo hacerme el sabio- que el único antídoto para esta enfermedad deshumanizante es compartir más y mejor con aquellos con los que se tiene menos contacto: eso ayuda a comprender mejor sus motivaciones y, con esa comprensión, darse cuenta que no los mueve la maldad, sino objetivos y hasta una educación previa distinta a la que tuvimos nosotros.

Usé la palabra “deshumanizante”, debido a que estoy convencido que, ya que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27), y él es comunidad en sí mismo (cf Mt 28,19; 2 Cor 13,13), en la medida que tejemos relaciones más cercanas unos a otros, más humanos, en el sentido de acercarnos a nuestro origen, somos y, cuando actuamos al revés, por supuesto, perdemos esa orientación de nuestros inicios.
Algo así pretende la parábola que cuenta hoy el Maestro: si se intenta cortar la cizaña cuando no se ha manifestado en plenitud, es muy posible que confundamos alguna mata de trigo con ella y la cortemos también. Por eso, ambas deben crecer juntas y, cuando sepamos con certeza (la conozcamos bien) cuáles son sus frutos, en ese momento recién es correcto decidir qué se hace con ambas.

Que podamos ver no sólo “trigo” o “cizaña”, sino personas, con toda su complejidad, tal como quisiésemos que nos permitieran a nosotros antes de juzgarnos, y tal como nos has enseñado, Señor. Así sea.

Trabajando para que los frutos de Paz, Amor y Alegría del Reino nos ayuden a crear unidad y mejor humanidad,
Miguel.

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