17 de julio de 2014
Jueves de la Décimo Quinta Semana
Durante el Año
Lecturas:
Isaías 26, 7-9.12.16-19
/ Salmo 101, 13-21 El Señor miró la tierra desde el cielo
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 28-30
Jesús tomó la palabra y dijo:
Vengan a mí todos los que están
afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y
aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán
alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
Palabra del Señor.
MEDITACION
Se cuenta el chiste de alguien muy
ansioso que oraba así: “Señor, dame paciencia, pero ¡dámela ya!”
Es probable que esa persona,
finalmente, no se haya sentido “oído”, porque el primer requisito para orar es
dejar que él sea Dios. Es decir, aceptar que tiene sus tiempos y sus planes,
los que exceden con mucho a lo que alcanzamos a captar nosotros.
Jesús nos invita a aprender eso de él:
a ser «paciente
y humilde de corazón», lo que según otro
chiste, implica “ser manso, no ser menso”.
O, sea, que hay que saber cuándo y
ante quién ejercer esa humildad.
Sólo corresponde serlo ante el
Todopoderoso, no ante los poderosos del mundo, aquellos que se arrogan derechos
que pasan a llevar la dignidad de otros.
En eso también hay que aprender del
Maestro: él se puso del lado de los débiles y eso le implicó cargar con un
“yugo” en forma de cruz; uno que puede parecer pesado, pero es mucho más
liviano que el peso de una mala conciencia por permitir las injusticias o que
la carga de una vida que no merece ese nombre por hacerla pasar ante nuestros
ojos sin tomar decisiones que ayuden a otros.
Que sepamos dar frutos de humildad
cuando corresponda, Señor y de justa impaciencia según tus criterios. Así sea.
Intentando dar
frutos de Paz, Amor y Alegría según las semillas que Dios ha puesto en
nosotros,
Miguel.


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