jueves, 10 de julio de 2014

Portamos la semilla que puede cambiar al mundo

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
13 de julio de 2014
Décimo Quinto Domingo Durante el Año

Lecturas:
Isaías 55, 10-11 / Salmo 64, 10-14 La semilla cayó en tierra fértil y dio fruto / Romanos 8, 18-23

EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   13, 1-9
    Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.
    Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
    ¡El que tenga oídos, que oiga!»
Palabra del Señor.

MEDITACION
Mientras «la creación entera gime y sufre dolores de parto» (2L), la Palabra de Dios –nos dice Él-, «cumple la misión que yo le encomendé» (1L) «y las colinas se ciñen de alegría» (Sal). Eso ocurrió cada vez que los creyentes se hicieron «tierra buena y dieron fruto» (Ev): el fruto que se esperaría de hijos de Dios.
Es casi un lugar común decir que el mundo anda mal.
Claro, todos vemos noticias, todos sabemos que hay violencia, abusos, injusticias y mucho dolor provocado a unos por otros.
Y nos preguntamos ¿qué sucede con el mundo?
Me parece que la pregunta más adecuada es ¿qué pasa con los cristianos? Sobre todo en países como el nuestro, donde somos absolutamente mayoría. ¿Por qué somos, por ejemplo, entonces, uno de los países con mayor inequidad en su distribución del ingreso? Y, ¿por qué hay no creyentes empeñados y comprometidos en corregir esto y otros desequilibrios de nuestra sociedad con más empeño que otros que ni siquiera conocen al Señor?
Porque Jesús, como el sembrador de la parábola, ha esparcido las semillas del Reino sin ninguna restricción, muy abundantemente, sin cálculos respecto a la calidad del “terreno” donde caerían. Y, así, éstas pueden dar frutos en cada persona que se ha puesto al alcance de su prodigioso mensaje de Vida plena, sea alguien que vaya a una Iglesia habitualmente o no.
Él sabe que, si vencemos miedos y comodidades, con la certeza de que la semilla es extraordinariamente poderosa, por provenir de quien lo hace, podemos confiar y atrevernos a acercarnos a otros, y juntos realizar el aporte en paz, en cercanía, en acogida, en alegría y en lucha por la justicia, los que, sumados a los que realicen otros, irán cambiando progresivamente las situaciones que hacen del mundo un lugar tan triste. «Toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios» (2L).
¿Haremos nuestra parte o seguiremos dejando que sean otros quienes lo hagan exclusivamente, relegando a la religión –para los ojos de la mayoría- al rincón de los objetos inservibles?

Has sembrado y sigues sembrando en nosotros, Señor. Que sepamos ser tierra fértil que dé esperanzas, permitiendo que otros crean que estás vivo y actúas en el mundo hoy. Así sea.

Intentando dar frutos de Paz, Amor y Alegría según las semillas que Dios ha puesto en nosotros,

Miguel.

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