PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
13 de julio de 2014
Décimo Quinto Domingo Durante el Año
Lecturas:
Isaías 55, 10-11
/ Salmo 64, 10-14 La semilla cayó en tierra fértil y dio fruto
/ Romanos 8, 18-23
EVANGELIO
Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud
se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella,
mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente
por medio de parábolas.
Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas,
algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron
en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida,
porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y,
por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer,
las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras
sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!»
Palabra del Señor.
MEDITACION
Mientras
«la creación entera gime y sufre dolores
de parto» (2L), la Palabra de
Dios –nos dice Él-, «cumple la misión que
yo le encomendé» (1L) «y las colinas se ciñen de alegría» (Sal). Eso ocurrió cada
vez que los creyentes se hicieron «tierra
buena y dieron fruto» (Ev): el fruto que se
esperaría de hijos de Dios.
Es casi un lugar común decir que el
mundo anda mal.
Claro, todos vemos noticias, todos sabemos
que hay violencia, abusos, injusticias y mucho dolor provocado a unos por otros.
Y nos preguntamos ¿qué sucede con el
mundo?
Me parece que la pregunta más adecuada es
¿qué pasa con los cristianos? Sobre todo en países como el nuestro, donde somos
absolutamente mayoría. ¿Por qué somos, por ejemplo, entonces, uno de los países
con mayor inequidad en su distribución del ingreso? Y, ¿por qué hay no
creyentes empeñados y comprometidos en corregir esto y otros desequilibrios de
nuestra sociedad con más empeño que otros que ni siquiera conocen al Señor?
Porque Jesús, como el sembrador de la
parábola, ha esparcido las semillas del Reino sin ninguna restricción, muy
abundantemente, sin cálculos respecto a la calidad del “terreno” donde caerían.
Y, así, éstas pueden dar frutos en cada persona que se ha puesto al alcance de
su prodigioso mensaje de Vida plena, sea alguien que vaya a una Iglesia
habitualmente o no.
Él sabe que, si vencemos miedos y comodidades,
con la certeza de que la semilla es extraordinariamente poderosa, por provenir
de quien lo hace, podemos confiar y atrevernos a acercarnos a otros, y juntos realizar
el aporte en paz, en cercanía, en acogida, en alegría y en lucha por la
justicia, los que, sumados a los que realicen otros, irán cambiando progresivamente
las situaciones que hacen del mundo un lugar tan triste. «Toda la creación
espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios»
(2L).
¿Haremos nuestra parte o seguiremos
dejando que sean otros quienes lo hagan exclusivamente, relegando a la religión
–para los ojos de la mayoría- al rincón de los objetos inservibles?
Has sembrado y sigues sembrando en
nosotros, Señor. Que sepamos ser tierra fértil que dé esperanzas, permitiendo
que otros crean que estás vivo y actúas en el mundo hoy. Así sea.
Intentando dar frutos
de Paz, Amor y Alegría según las semillas que Dios ha puesto en nosotros,
Miguel.


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