10 de julio de 2014
Jueves de la Décimo Cuarta Semana
Durante el Año
Lecturas:
Oseas 11, 1-4.8-9
/ Salmo 79, 2-3.15-16
Que brille tu rostro Señor y seremos
salvados
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 7-15
Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino
de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos,
purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido
gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni
monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón;
porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un
pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el
momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que
esa paz vuelva a ustedes.
Y si no los reciben ni quieren
escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el
polvo de sus pies. Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra
serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.
Palabra del Señor.
MEDITACION
¿Qué pasa si, después de vencer
temores y rubores, para, con mucha dificultad decidir aceptar, el llamado de
Jesús, no somos bien recibidos?
Es tentador esperar que nos llenen de
aplausos y cariño cuando hacemos algo que creemos que es bueno.
Tentador en el sentido de acción que
distrae del bien: primero, porque empaña un poco lo bueno que se realiza si se
pone el orgullo en un lugar tan relevante (“lo menos que merezco es
agradecimiento”) que puede hacer olvidar el acto bondadoso mismo; y, en segundo término, porque ese hecho se puede
convertir en una buena excusa para no volver a “gastarse” nuevamente por los
demás.
En el caso del evangelio y en
cualquier otro en que nos sintamos impulsados a hacer algo por alguien, la
recomendación de Jesús es no llevarse “ni el polvo” del lugar del desaire. Lo
que es otra forma de decir olvidar: no permitir que nos acompañe un mal
sentimiento después de eso.
Además de ayudarnos a tener una
actitud muy sana para el alma, olvidar nos da la oportunidad de volver a
intentar y eso también es una enseñanza que nos puede servir para todo lo que
hagamos en la vida.
Enséñanos, Señor, a no quedarnos con
lo negativo, por nuestro propio bien y, sobre todo, a intentar hacer lo
positivo permanentemente, por el bien de los demás. Así sea.
Buscando vivir
con la fe de los sencillos, llenos de Paz, Amor y Alegría por la Buena Noticia
del amor de Dios,
Miguel.


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