PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
18 de Octubre de 2015
Domingo de la Vigésima Novena Semana Durante
el Año
Lecturas:
Isaías 53, 10-11
/ Salmo 32, 4-5. 18-20. 22
Señor, que tu amor descienda sobre
nosotros / Hebreos 4, 14-16
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 35-45
Santiago y Juan, los hijos de
Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas
lo que te vamos a pedir».
Él les respondió: «¿Qué
quieren que haga por ustedes?»
Ellos le dijeron: «Concédenos
sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu
gloria».
Jesús les dijo: «No saben lo
que piden. ¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé y recibir el bautismo que Yo
recibiré?»
«Podemos», le respondieron.
Entonces Jesús agregó:
«Ustedes beberán el cáliz que Yo beberé y recibirán el mismo bautismo que Yo.
En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo,
sino que esos puestos son para quienes han sido destinados».
Los otros diez, que habían
oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les
dijo: «Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a
las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su
autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser
grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se
haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser
servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».
Palabra del Señor.
MEDITACION
Sabemos que nuestro Dios «ama la justicia y el derecho, y la tierra
está llena de su amor» (Sal). Pero ¿cómo hace concretamente esto? Ocurre
cada vez que uno de sus hijos, sale de su comodidad y «ofrece
su vida [entonces] la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él» (1L), siguiendo el modelo de Jesús que «fue
sometido a las mismas pruebas que nosotros» (2L), para enseñarnos que el egoísmo
puede ser vencido, y terminar haciéndose «servidor
de todos» (Ev).
El próximo
es el “Domund”, Domingo Universal de las Misiones, día del año que nos invita a
meditar en este aspecto tan esencial de nuestra vida de fe.
Es un día
para recordar que quien es seguidor de Jesús es un misionero: «Como el Padre me
envió a mí, yo también los envío a ustedes» (Jn 20,21).
Lo que
implica que quien no misiona (=intenta vivir según la Palabra) en los espacios
donde se desenvuelve, no es realmente cristiano/a: «¡Ay de mí si no predicara
el Evangelio!» (1 Co 9,16).
Es un día
para valorar a esas personas maravillosas que dejaron a sus países y a sus
parientes por amor a las enseñanzas del Maestro, «porque ellos se pusieron en
camino para servir a Cristo. Por eso debemos acogerlos, a fin de colaborar con
ellos en favor de la verdad» (3 Jn 1,7).
Y
agradecerle a quienes viven su vida de misión en nuestra cercanía: recordar que
hoy nosotros somos su familia: «¿Cómo podremos dar gracias a Dios por ustedes,
por todo el gozo que nos hacen sentir en la presencia de nuestro Dios?» (1 Tes 3,9).
Es un día
para reconocer que existen quienes se juegan la vida por evangelizar, aún hoy,
y que las persecuciones contra cristianos no pertenecen al tiempo del Imperio
Romano, sino que siguen siendo dolorosamente actuales, como nos muestran las
noticias: «Después de ser maltratados e insultados en Filipos, como ya saben,
Dios nos dio la audacia necesaria para anunciarles su Buena Noticia en medio de
un penoso combate» (1 Tes 2,2). Y orar por ellos «damos gracias a Dios, el
Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando sin cesar por ustedes» (Col 1,3), pero, además que, haciendo un
pequeño esfuerzo, descubramos organizaciones que trabajan por ayudarlos y ver
qué podemos aportar ahí (un ejemplo: Ayuda a la Iglesia que Sufre, www.aischile.cl).
Es un día
para comprender que es más útil ayudar a conocer al Dios misericordioso que
intentar que otros ingresen a nuestra iglesia, porque, recordemos que «el que
no está contra nosotros, está con nosotros» (Mc
9,40).
Y porque
muchos no necesitan entrar en un sistema de creencias para hacer el bien, pero
todos necesitan sentir el amor de Dios, quien «hace salir el sol sobre malos y
buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (Mt
5,45).
Es un día,
en fin, para renovar los intentos por hacer que nuestra vida y nuestras
creencias, se hagan misioneras, poniéndonos al servicio de los demás, porque la
fe «si no va acompañada de las obras, está completamente muerta» (Stg 2,17).
De esa
manera, seguiríamos el ejemplo de nuestro Maestro, Jesús, el Misionero del
Padre, quien era conocido porque no hablaba como los que «hacen sentir su
autoridad», sino que por medio de acciones que demostraban que «no vino
para ser servido, sino para servir y dar su vida».
Que
queramos aceptar tu desafío de ser servidores de nuestros hermanos, llevando tu
amor misionero por donde vayamos, Señor. Así sea.
Llenando el corazón de Paz, Amor y Alegría,
para intentar aprender a ser los últimos y los servidores de todos,
Miguel

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