miércoles, 26 de julio de 2023

Nada es más valioso

PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR

Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo

30 de Julio de 2023                                                  

Domingo de la Décimo Séptima Semana Durante el Año

 

Lecturas de la Misa:

I Reyes 3, 5-12 / Salmo 118, 57. 72. 76-77. 127-130 ¡Cuánto amo tu ley, Señor! / Romanos 8, 28-30

 

+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 44-52


    Jesús dijo a la multitud:

    «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

    El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

    El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

    Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

    «¿Comprendieron todo esto?»

    «Sí», le respondieron.

    Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo».

Palabra del Señor.

 

MEDITACIÓN                                                                                                             

Tenemos confianza en que «Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman» (2L), para eso, hemos recibido un regalo: «Te doy un corazón sabio y prudente» (1L), y éste lo podemos utilizar para captar e intentar vivir su mensaje, de manera de hacer realidad que, más que los bienes materiales: «El Señor es mi herencia: yo he decidido cumplir tus palabras» (Sal). Porque ser fiel a ellas son el tesoro y la perla (Ev) más valiosos que existen. Lo comprobamos al ver que son la única fuente de real alegría para nosotros y los que nos rodean.

Y no tiene que ver con dinero.

Es preciso que no nos enredemos ni nos engañemos. Quien sugirió «vende todo lo que tienes y distribúyelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme» (Lc 18,22) no va a estar ahora promoviendo el enriquecimiento, como algo bueno.

Estas parábolas que se nos ofrecen quieren decirnos otra cosa, claramente. Si las utilizó como imágenes del Reino se debe a la casi exclusiva manera que los humanos usamos para entender como valioso algo: por medio de lo material y el dinero.

Para Jesús, como recogemos en los evangelios, en otro lugar se encuentra lo más importante y, por lo tanto, con más valor.

Debido a esto, es capaz de afirmar acerca del Día Sagrado: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Mc 2,27), entre otras enseñanzas al respecto.

Y, en cuanto a las relaciones entre los humanos: «Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "No matarás", y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal» (Mt 5,21-22).

Además de su práctica permanente de curar a los enfermos, alimentar a los necesitados, enternecerse y acercarse a los sufrientes y otras formas de hacer acción esa valoración que él tenía por la persona humana.

Es que, para él, sus criterios se basaban en lo que descubría acerca de Dios. Así fue que se le hizo claro que para Él el ser humano es lo más valioso de la creación: «¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies» (Sal 8,5.7).

Y esto ya se desprendía del relato de su creación «a imagen y semejanza» (Gn 1,27), nada menos, del mismo Dios. Así de grande es la dignidad y, por lo tanto, el valor de la persona.

Entonces, fiel a la voluntad de su Padre, de la misma manera consideraba lo más valioso nuestro Maestro: «¡Cuánto más vale un hombre que una oveja!» (Mt 12,12); «¡Cuánto más valen ustedes que los pájaros!» (Lc 12,24).

Nos servirá para entender estas parábolas comprender que el tesoro y la perla más fina es el Dios que da alegría a la vida.

Él puede estar escondido entre tantas preocupaciones y obsesiones que, por dominar nuestros días, lo han escondido a nuestros ojos, y eso ha hecho que dejemos de verlo con nitidez.

O puede ser descubierto y revalorizado entre muchas cosas que nos parecen inestimables, cuando logramos apreciar que ese bello amor es muchísimo más valioso que todo, porque ayuda a realzar la importancia que todo tiene.

Jesús y todo su pueblo podían encontrar en las Escrituras: «¡Feliz el hombre que encontró la sabiduría y el que obtiene la inteligencia, porque ganarla vale más que la plata y ella rinde más que el oro fino! Es más preciosa que las perlas y nada apetecible se le puede igualar» (Prov 3,13-15).

La sabiduría, en clave del Reino, es descubrir que amar y proteger, en retribución a su inmenso amor y al cuidado y respeto por nuestra dignidad, a los hijos de ese Dios a los que ama tanto. Tal como hizo y enseñó nuestro Maestro Jesús.

Y, así, de paso, hemos hecho un ejercicio práctico de intentar sacar de nuestras «reservas lo nuevo y lo viejo» de las Escrituras y de nuestra vida para intentar entender las enseñanzas del Señor.

 

«El hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón» (1 Sam 16,7). Y en el corazón humano, el nuestro, Él es capaz de ver que tenemos mucho más valor que lo que estamos conscientes. Y por Jesús sabemos que lo que espera de nosotros es tratar con su mismo cuidado y cariño a eso tan valioso para Él, como es el ser humano. Ayúdanos a ser fieles en esa tarea. Así sea.

 

Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, descubrir lo que es lo más valioso para nuestra vida y la de los demás, y después vivirlo, cuidarlo y promoverlo,

Miguel.

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