PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo
27 de Agosto de 2023
Domingo de la Vigésimo Primera Semana Durante el Año
Lecturas de la Misa:
Isaías 22, 19-23 / Salmo 137, 1-3. 6. 8 Tu amor es eterno, Señor / Romanos 11, 33-36
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-20
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
Como muy bien se pregunta Pablo: «¿Quién le dio algo [a Dios], para que tenga derecho a ser retribuido?» (2L). Eso nos recuerda que todo lo que tenemos es gracia; regalo gratuito, incluidos en esto padres, guías, cabezas de nuestras comunidades (1L y Ev). Y, sabiendo que «Esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo» (Ev), nos sería útil aceptar con humildad las orientaciones que estos nos den, para, entonces, intentar hacer nuestras las palabras «Te doy gracias, Señor, de todo corazón» (Sal) y vivir la fe con la alegría servidora de quien se deja conducir por Jesús.
Que tus acciones sean coherentes con tu fe.
Hace ya 30 años, un cantante popular español, Joan Manuel Serrat, interrumpió en Chile su concierto televisado para emitir un mensaje. Se había enterado de que ese mismo día, en un hospital santiaguino, un bebé recién nacido había sido secuestrado.
Sus emotivas palabras apelaron a que él, como padre, sentía el dolor de esa familia, a quienes identificó con nombre y apellido, suplicando a quien había cometido tal acto, devolver al hijo robado, señalando que, si eso ocurría, su vida (la de un artista reconocido a nivel mundial) se llenaría de colores.
El resultado fue que, unas horas más tardes, quien había cometido tal delito, fue tocada por las palabras del intérprete y devolvió al bebé. Serrat, con modestia, comentó al enterarse: “No sé si pude ayudar. Eso no importa. Lo importante es la alegría de los padres, que es la misma mía. Lo importante es que la niña esté donde está”.
Lo luminoso de esta situación es encontrarnos con la actitud de alguien que, con toda la fama que tenía, podría, como lo hace todo el mundo -y nadie se lo reprocharía-, dedicarse a lo suyo, porque ese asunto no era “su” problema. Y lo hace humildemente.
Suponemos que todos sabemos que el catalán no es una persona que tenga fe en el Señor Jesús. Pero ¡qué actitudes más profundamente cristianas, por ser tan definitivamente humanas!
Pues bien, si a nosotros hoy nos preguntasen lo mismo que a los apóstoles en el evangelio, probablemente daríamos respuestas firmes y rotundas, del tipo: “es mi Dios”, “lo es todo para mí”…, pero ¿en qué se nota que creemos lo que decimos que creemos? ¿qué hacemos con esa fe que supuestamente tenemos?
Reconozcamos que habitualmente nos sentimos moralmente superiores a quienes se dicen ateos o agnósticos. Sin embargo, muchos de ellos, sin el soporte de la fe que tenemos nosotros, logran hacer obras mayores que las de bastantes creyentes, como el caso que recordábamos al comienzo, el cual sólo es un ejemplo entre bastantes más.
No se trata de una competencia (aunque una por quién hace más el bien sería muy virtuosa), sino de invitarnos a meditar en que sólo tiene sentido creer y proclamar que Jesús es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo» si eso se traduce en que después tratamos de asemejar nuestro actuar al suyo: misericordioso, humilde y servicial.
Datos: En nuestro país cada día 5 personas se suicidan y otro tanto lo intenta y no lo logra; 1 de cada 3 mujeres declara haber sido víctima de algún tipo de violencia por parte de su pareja o ex pareja, esto es aproximadamente 3 millones de mujeres; la mitad de los chilenos (53%) vive en comunas con una calidad de vida urbana baja o media-baja… En fin, hay muchas más cifras que reflejan la afectación a la dignidad de las personas en un país mayoritariamente creyente en que Jesús es el Mesías, el enviado de Dios, quien enseñó que la forma de hacerlo era: «Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lc 6,36), lo que significa que todo aquel que se sienta discípulo suyo, entendiendo que su Padre nos hace, por esa fe, hijos de Él (Jn 1,12), actúa y vive intentando reflejar esa filiación asemejándose a su glorioso actuar, siendo compasivos (empáticos, sintiendo como propios los dolores y carencias de los demás y luego haciendo algo al respecto).
Esa fe (esa forma de vivirla) es la piedra sobre la que él edificaría su comunidad de seguidores y, mientras más de estos aceptemos aquel desafío, ningún poder privilegiado y discriminador, tan contrarios a su sueño del Reino (Mt 20,25-26), podría prevalecer.
Decimos creer. Y hasta a veces somos muy vehementes para declarar esa fe. Guíanos, Señor, por los caminos de hacer coincidir nuestras palabras e intenciones con la expresión en acciones cada vez más coherentes de nuestras creencias. Así sea.
Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, saber mostrar con la forma de vivir en quién creemos,
Miguel.


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