PREPAREMOS EL PRÓXIMO DÍA DEL SEÑOR
Meditación sobre el Evangelio del próximo Domingo
24 de Septiembre de 2023
Domingo de la Vigésimo Quinta Semana Durante el Año
Lecturas de la Misa:
Isaías 55, 6-9 / Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18 El Señor está cerca de aquellos que lo invocan / Filipenses 1, 20-26
+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 19, 30—20, 16
Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: "Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo". Y ellos fueron.
Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?" Ellos les respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña".
Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros".
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada".
El propietario respondió a uno de ellos: "Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?"
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
Como bien nos dice el Señor por boca del profeta: «los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos» (1L), ya que, muy por el contrario a nosotros, «El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones» (Sal). Tanto es así, que Jesús nos lo representa como alguien en búsqueda permanente de quienes están en necesidad para darles una solución y ser generoso con ellos (Ev). Entonces, si nos decimos cristianos, como para decir «para mí la vida es Cristo» (2L), sintámonos llamados a agradecer tanta preocupación y dedicación, preocupándonos y dedicándonos, a nuestra vez, por quienes lo necesitan y no le conocen. O le conocen mal…
Un propietario muy particular.
Hay una gran escena de una película (Django sin cadenas, de Quentin Tarantino) en la que un esclavo le reclama a su señor porque un liberto (ex esclavo) tenía un caballo. El amo le pregunta: "¿tú también quieres uno?", a lo que éste le responde: "¿para qué quiero un caballo? Lo que yo quiero es que él no tenga uno".
El guionista del filme (el mismo director) nos permite reflexionar así acerca de algo de nuestra condición humana: muchas veces la envidia es más poderosa que los anhelos de justicia y, mucho más, que la aceptación de que otros, semejantes a uno/a, obtengan beneficios y nosotros no.
Algo semejante sucede en esta parábola que cuenta el Maestro. No hay explotación, no hay estafa, no hay aprovechamiento ilícito. El dueño del viñedo convino un pago por el trabajo con los primeros; éstos aceptaron arrendar su labor por ese monto, y eso mismo fue lo que recibieron: «¿acaso no habíamos tratado en un denario?».
Todo bien hasta ahí.
El problema se produjo al ver que los otros jornaleros, pese a trabajar menos, recibieron la misma paga. La envidia surgió por la extrema generosidad del propietario con otros: «¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?».
No olvidemos que este cuentito lo inventa Jesús para graficar cómo imagina el mundo si dejásemos que el Padre misericordioso reinase en él («el Reino de los Cielos se parece a…»). Entonces, cuando dice que el dueño es tan dadivoso, está diciendo que Dios mismo es bueno (Mc 10,8).
El de este día ha sido siempre un evangelio controversial, porque no nos abrimos a entender los pensamientos de Dios, sus criterios, muy distintos a los nuestros: «los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos –oráculo del Señor–» (Is 55,8).
Hoy aprendemos que nuestra relación con Él se basa en que Dios ama, es decir, obra, muy por encima de la justicia (Rm 8,28). Entonces, si queremos ser fieles a nuestro Padre, también nosotros amaremos, es decir, actuaremos, mucho más allá de la justicia, del mérito, el premio o el castigo.
En otras palabras, quienes queremos vivir según el estilo al que nuestro Maestro llamó el Reino de Dios, buscamos relacionarnos no por lo que se considera justo, sino poniendo en primer lugar la necesidad, el dolor de los otros, tratando de paliarlos de la manera que nos sea posible (como hace el propietario de la parábola, quien se duele de la cesantía que padecen sus vecinos y hace algo al respecto). Asemejando nuestro accionar de esta forma estaremos haciendo nuestro aporte a la construcción de esa realidad que Jesús tanto amó: el Reino de la misericordia fraterna y compasivamente solidaria de su Padre entre nosotros.
Es decir, habremos reemplazado efectiva, eficaz y amorosamente los criterios que dominan nuestro mundo, tan fríos, tan poco solidarios y fraternos, que son, por el contrario, fuentes del reino de la tristeza y la falta de humanidad.
Olvidamos demasiado frecuentemente que nos has dejado un solo mandato, Señor: el del amor unos a otros y, en cambio, nos enredamos en cuestiones teológicas. Inspira nuestro accionar hacia la justicia, la solidaridad, el camino fraterno, buscando formas creativas de vivirlo para acercar la hermosa realidad del Reino de Dios a nuestro tiempo. Así sea.
Buscando, con mucha Paz, Amor y Alegría, construir misericordia activa, fraternidad por sobre las diferencias y solidaridad donde haga falta, que son los cimientos del Reino de Dios en medio y dentro de nosotros,
Miguel.


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