29 de agosto de 2013
Jueves de la Vigésimo Primera Semana Durante
el Año
Lecturas:
I Tesalonicenses 3, 7-13
/ Salmo 89, 3-4. 12-14. 17 Sácianos con tu amor, Señor
EVANGELIO
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
24, 42-51
Jesús habló diciendo:
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué
día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora
de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de
su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a
la hora menos pensada.
¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y
previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir
el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al
llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará
administrador de todos sus bienes.
Pero si es un mal servidor, que piensa: 'Mi
señor tardará', y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con
los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará.
Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y
rechinar de dientes.
Palabra del Señor.
MEDITACION
El
Señor había anunciado que volvería y lo verían «venir entre las nubes del cielo»
(Mc 14,62), hecho que los primeros cristianos creían
firmemente y esperaban ansiosamente. Pero, con el paso del tiempo, iban
relajando las actitudes de espera. Por eso los evangelistas resaltan sus
llamados a estar «prevenidos, porque
ustedes no saben qué día vendrá su Señor», teniendo presente, además, que «mil años son ante tus ojos como el día de
ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche» (Sal).
Con
mayor razón nos sucede a nosotros: después de casi dos milenios, la fe no nos
alcanza para ser fervorosos en su espera. Es más, me consta que hay cristianos
que no saben que nuestra fe consiste en
aguardar su segunda venida, menos conocen la palabra Parusía, que proviene del
griego y significa manifestación, hacerse presente, y es como se designa su
regreso público y glorioso.
En
fin, aprovechemos, entonces, de recordar que ser cristianos es la forma de
vivir entre dos venidas de Cristo, siguiendo tras la senda de misericordia y
fraternidad inaugurada por Jesús de Nazaret, como la manera adecuada de esperar
su retorno, cuando vendrá a juzgar qué hemos hecho (o no) para ayudar a
construir el Reino de Dios en la tierra.
Que
el Señor «fortalezca sus corazones en la
santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el Día de la
Venida del Señor Jesús con todos sus santos» (1L). Así sea.
Tratando de
entrar por la puerta estrecha que conduce a la secreta Paz, Amor y Alegría del
Reino,
Miguel.
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